Leído 60 Veces 26 noviembre , 2022

El Verbo de Dios – Parte I

Por Geycer Paredes

✍🏻“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Juan 1:1

Para poder entender el evangelio de Juan y estas primeras líneas escritas, es de vital importancia que comprendamos a quién o quiénes fue escrita, cuál fue el propósito del autor y cuales son las circunstancias de ese tiempo.

Así es que partimos diciendo que este evangelio fue escrito para aquellos que conocían tanto de la cultura judía como del pensamiento griego. Fue el último de los evangelios que se escribieron y fue escrito hacia fines del primer siglo por el evangelista que lleva su nombre. Juan, de acuerdo con la tradición, tenía conocimiento de los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), y esto fue bueno para el contexto histórico de su Evangelio. Al parecer, Juan escribe para hacer una contribución única al registro de la vida del Señor (“un Evangelio espiritual”) y en parte, para ser suplementario como también complementario a los otros evangelios.

John MacArthur escribe: “Los propósitos primordiales para lo cual se escribió este evangelio son más de índole apologético y evangelístico. Reforzando el propósito evangelístico está el hecho de que la palabra “creer” se usa aproximadamente cien veces en el Evangelio (los sinópticos usan el término menos de la mitad de esta cantidad). Juan compuso su Evangelio para proveer razones de la fe salvadora en sus lectores y como resultado, para asegurarles que recibirían el regalo divino de vida eterna (Juan 1:12). El propósito apologético está relacionado muy de cerca al propósito evangelístico. Juan escribió para convencer a sus lectores de la verdadera identidad de Jesús como el Dios-hombre encarnado cuyas naturalezas divina y humana estaban perfectamente unidas en una persona quien era el Cristo (“Mesías”) profetizado y Salvador del mundo”.

Este evangelio es el único libro que nos dice claramente su propósito debido a ello este libro es el mejor libro para animar a un incrédulo a leerlo. Porque Juan escribió: «Jesús hizo muchas otras cosas que no están escritas, pero estas cosas se escribieron para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:30-31).

Ahora bien, el apóstol Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:29-30). Y antes de que Pablo se fuera mucho tiempo de Éfeso, ya estaban sucediendo estas cosas. Los falsos maestros estaban entrando, pervirtiendo la verdad del evangelio de Jesucristo.

Un sistema conocido como gnosticismo fue uno de los primeros sistemas de creencias que impregnaron la iglesia y comenzaron a alejar a la gente hacia conceptos falsos acerca de Jesucristo. El gnosticismo no era una secta sino un conjunto de varias sectas y con diversidad de creencias, quizá su florecimiento se dio antes del nacimiento del cristianismo hasta el siglo V d.C.

Cuando el gnosticismo entró en contacto con el cristianismo, lo que parece haber sucedido inmediatamente tras su aparición, el gnosticismo se arrojó con extraña rapidez a las formas de pensamiento cristianas, tomó prestada su nomenclatura, reconoció a Jesús como salvador del mundo, pretendió ser una revelación esotérica de Cristo y sus apóstoles, invadió el mundo con Evangelios, Hechos y Apocalipsis apócrifos para sustanciar su pretensión. A medida que el cristianismo crecía dentro y fuera del Imperio Romano, el gnosticismo se difundió como un hongo en su raíz, y reclamó ser la única forma verdadera de cristianismo, no apta, de hecho, para la multitud vulgar, sino apartada sólo para los dotados y elegidos. Tan fértil fue su venenoso crecimiento que parecía haber peligro de que sofocara completamente el cristianismo, y los primeros Padres dedicaron sus energías a desarraigarlo. Aunque en realidad el espíritu del gnosticismo es completamente extraño al del cristianismo, en ese entonces a los incautos les parecía simplemente una modificación o refinamiento de este.

Para desacreditar la idea de cualquier compatibilidad entre el cristianismo y el gnosticismo, uno sólo tiene que comparar las enseñanzas de las principales doctrinas de la fe. En cuanto a la salvación, el gnosticismo enseña que la salvación se gana a través de la adquisición del conocimiento divino el cual lo libera a uno de las ilusiones de las tinieblas, ese conocimiento es una “verdad superior” dada a conocer solamente a unos pocos. Su falso postulado adopta un dualismo en cuanto al espíritu y la materia. aseguran que la materia es inherentemente mala y el espíritu es bueno. Como resultado de esta presuposición, los gnósticos creen que cualquier cosa que se haga en el cuerpo, incluso el pecado más grande, no tiene sentido, porque la vida real existe solamente en el reino de los espíritus.

La Persona de Jesucristo es otra área donde el cristianismo y el gnosticismo difieren drásticamente. Aunque ellos afirman seguir a Jesucristo en Sus enseñanzas originales, ellos lo contradicen en todo momento. El gnóstico cree que el cuerpo físico de Jesús no era real, sino que sólo “aparentaba” ser físico y que Su espíritu descendió sobre Él en Su bautismo, pero lo dejó justo antes de Su crucifixión. Inventaron historias de que mientras caminaba por la arena de la playa, no dejaba huellas porque en realidad no era real. Y su idea era: todo lo que es real es malo, el mundo es tan malo que Dios no pudo haber creado el mundo. Y así, originalmente estaba el Dios santo puro y emanaciones salieron de este Dios santo puro, y finalmente, una de estas emanaciones se alejó tanto de Dios que ya no conocía a Dios; y fue de esta emanación que creó el mundo, y así el mundo fue creado por una fuerza maligna y todo lo material es malo, y entonces Jesús no podría haber sido un hombre, de lo contrario habría sido malo.

Tales opiniones destruyen no sólo la verdad sobre la humanidad de Jesús, sino también de la expiación, puesto que Jesús no sólo tuvo que ser verdaderamente Dios, sino también verdaderamente humano (y físicamente real), quien realmente sufrió y murió sobre la cruz a fin de ser un sacrificio sustitutivo y aceptable por el pecado (Hebreos 2:14-17). El punto de vista bíblico sobre Jesús, afirma Su completa humanidad, así como Su completa deidad. Jesús no dijo nada acerca de la salvación a través del conocimiento, sino por la fe en Él como Salvador del pecado. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Es más, la salvación que ofrece Cristo es gratuita y disponible para todos (Juan 3:16), no solo para un selecto grupo que haya alcanzado una revelación especial.

Dentro del conglomerado de sectas gnósticas podemos mencionar a los dositeos, Simón el mago, Menender; Cerinto, Cerdo, Saturnino, los bardesanitas, ebionitas, encratitas, Naassenos, los Ofitas, los Setianos, los Peratae, los cainitas, etc.

Los gnósticos desarrollaron una asombrosa actividad literaria que produjo una gran variedad de escritos heréticos conocidos como los evangelios gnósticos, estos eran una colección de falsificaciones que aseguraban ser los “libros perdidos de la Biblia”.

Todo esto estaba sucediendo en la época de Juan, este tipo de creencias estaban muy extendidas. Juan escribió este evangelio en realidad, para corregir algunas de esas primeras enseñanzas falsas que han comenzado a impregnar la iglesia.

Con estas primeras líneas se da una respuesta a los cristianos herejes de tendencias gnósticas que mostraban a Jesús como poseído por un eón celeste (Cerinto), que propugnaban el dualismo (cristianos ebionitas), que afirmaban que Cristo no se había encarnado realmente, que tenía un cuerpo aparente (docetistas), al arrianismo, que hace de nuestro Señor un Ser inferior a Dios. También al socinianismo, al unitarismo, al ruselismo, a la Asociación Internacional de Estudiantes de la Biblia, que enseñan que Cristo no era en sí mismo Dios, sino un hombre.

Bien se ha dicho en vista de la revelación contenida en el primer versículo: “sostener frente a tal texto, como hacen algunos de los llamados “cristianos”, que nuestro Señor Jesucristo era solo un hombre, es una prueba lamentable de la perversidad del corazón humano.

Finalmente, es interesante notar que cuando los escritores comienzan los evangelios, cada uno escogió un lugar diferente para comenzar, el evangelio de Mateo, comenzó con la generación o la genealogía de Jesús que se remonta a Abraham, Marcos comenzó en el bautismo de Jesús por Juan, Lucas inicia con la enunciación a Zacarías, el padre de Juan el Bautista, el precursor de Jesús. Pero cuando Juan comienza su evangelio, se remonta claramente al principio de los tiempos, que no tuvo principio.