22 julio , 2010

La Encarnación de Cristo

Por Luis Claros

I. EL SIGNIFICADO DE LA ENCARNACION

Aunque la palabra como tal no aparece en la Escritura, sus componentes (“en” y “carne”) sí ocurren. Juan escribió que el Verbo se hizo carne (Juan 1:14). El también escribió acerca de la venida de Jesús en carne (1 Juan 4:2; 2 Juan 7). Por esto quiso decir que la segunda Persona eterna de la Trinidad tomó la humanidad sobre Sí mismo. El no poseyó la humanidad mientras no nació, puesto que El Señor se hizo carne (egeneto, Juan 1:14, en contraste con las cuatro veces que aparece en vv. 1–5). Sin embargo, Su humanidad era sin pecado, un hecho que Pablo protege al escribir que El vino “en semejanza de carne de pecado” (Romanos 8:3).

II. LAS PREDICCIONES DE LA ENCARNACION

A. La predicción del Dios-Hombre

En esta profecía acerca del Mesías en Isaías 9:6; Isaías predijo la unión de la deidad y la humanidad en El. El dijo que un niño nacería (una referencia a la humanidad) y que Su carácter sería tal que El podría designarse como el Dios Fuerte (el gibbor, una referencia a la Deidad). Isaías usa el solamente con referencia a Dios (véase 31:3); gibbor significa héroe. Así que la frase denota un héroe cuya principal característica es que es Dios. De modo que en este solo versículo se predicen tanto la humanidad como la Deidad de nuestro Señor. (Véase Edward J. Young, The Book of Isaiah [Grand Rapids: Eerdmans, 1964], 1:335–8.)

El nombre Emanuel revela la misma verdad acerca del Señor (7:14). Esto indica más que la presencia de Dios con Su pueblo en Sus tratos providenciales. En este texto significa que la misma presencia del Niño nacido de una virgen trae a Dios a Su pueblo (véase Young, 1:289–91).

B. Predicción del nacimiento virginal (Isaías 7:14)

En esta profecía Isaías predijo que el medio de la encarnación sería un nacimiento virginal. Los liberales han retado la traducción “virgen” de la palabra hebrea almah, declarando que bethula se debió haber usado si Isaías indiscutiblemente quiso decir virgen. Es verdad que almah significa una joven núbil, con madurez sexual, y bethulah tiene el sentido de una mujer separada, normalmente una virgen, pero no siempre (Ester 2:17; Ezequiel 23:3; Joel 1:8). Así que no es preciso decir, como dicen los críticos, que bethulah hubiera sido una palabra más precisa si Isaías claramente quiso decir virgen.

Aparentemente almah no es un término técnico para virgen, sino que se refiere a una mujer joven, de la cual una de sus características es la virginidad (Génesis 24:43). No hay ejemplo donde se pueda comprobar que almah designa a una joven que no sea virgen. La Septuaginta la traduce por parthenos en dos de las siete veces que aparece, al igual que Mateo 1:23. Así que la palabra significa una doncella núbil una de cuyas características era la virginidad, y necesariamente así en el cumplimiento de la profecía del nacimiento de Cristo.

¿Quién es la virgen a la cual se refiere esta profecía? Las interpretaciones caen en tres categorías básicas. (1) La interpretación no mesiánica, que entiende que esta profecía se cumplió por una mujer desconocida en el pasado quien pudo o no haber sido una virgen. ¿Cómo entonces se puede explicar el versículo 23? (2) La interpretación estrictamente mesiánica, que cree que la profecía se refiere solamente a María sin aludir a alguna doncella del tiempo de Isaías. Sin duda se refiere a María (v. 23), pero la cuestión es si tiene que ver solamente con ella. Si no alude a alguien en el tiempo de Isaías, ¿qué valor habría tenido la señal para Acaz? (3) La profecía se refiere tanto a alguien en los días de Isaías como a María en el futuro.

Según esta tercera interpretación, ¿quién habría sido la doncella en los días de Isaías? De nuevo hay tres respuestas: (a) la esposa de Acaz; (b) alguna doncella desconocida de Israel; (c) la segunda esposa de Isaías con la cual él todavía no se había casado cuando se dio la profecía. Si (a) es la correcta, entonces el hijo fue Ezequías. Si lo es (b), entonces el hijo es desconocido. Si lo fuera (e), el hijo sería Mahersalal-hasbaz (Isaías 8:3) u otro hijo de Isaías que no se menciona. En este punto de vista la primera esposa de Isaías, la madre de Sear-jasub, ya había muerto. Mateo inequívocadamente ve a Cristo como el cumplimiento de la profecía de Isaías. De esto no puede haber duda. Y ambos puntos de vista, el estrictamente mesiánico y el de doble referencia, reconocen esto.

C. Otras Verdades Concretas de la Encarnación de Cristo

1. La humanidad de Cristo fue determinada antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4-7; 3:11;

Ap. 13:8). El principal significado del tipo del Cordero está en el cuerpo físico que se ofrece en sacrificio cruento a Dios.

2. Cada tipo y profecía del Antiguo Testamento concerniente a Cristo, anticipa el advenimiento del Hijo de Dios en su encarnación.

3. El hecho de la humanidad de Cristo se ve en la anunciación del ángel a María y en el nacimiento del Niño Jesús (Lc. 1:31-35).

4. La vida terrenal de Cristo revela su humanidad: 1) Por sus nombres: «el Hijo del hombre», «el Hijo de David», u otros semejantes; 2) por su ascendencia terrenal: Se le menciona como «el primogénito de María» (Lc. 2:7), «la descendencia de David» (Hch. 2:30; 13:23), «la descendencia de Abraham» (He. 2:16), «nacido de mujer» (Gá. 4:4), «vástago de Judá» (Is. 11:1); 3) por el hecho de que Él poseía cuerpo, y alma, y espíritu humanos (Mt. 26:38; Jn. 13:21; 1 Jn. 4:2, 9); y 4) por las limitaciones humanas que Él mismo se impuso.

5. La humanidad de Cristo se manifiesta en su muerte y resurrección. Fue un cuerpo humano el que sufrió la muerte en la cruz, y fue ese mismo cuerpo el que surgió de la tumba en gloriosa resurrección.

6. La realidad de la humanidad de Cristo se ve también en su ascensión a los cielos y en el hecho de que Él está allí, en su cuerpo humano glorificado intercediendo por los suyos.

7. Y en su segunda venida será «el mismo cuerpo» -aunque ya glorificado que adoptó en el milagro de la encarnación.

Fuentes:

-Teología Básica, Charles C. Ryrie, Editorial Unilit, 1993.
-Teología Sistemática Vol.1, Lewis Sperry Chafer, Editorial Clie