5 agosto , 2010

La Completa Deidad Del Cristo Encarnado

Por Luis Claros

A. El posee atributos que sólo Dios tiene

1. Eternidad. El afirmó que existía desde la eternidad pasada (Juan 8:58; 17:5).

2. Omnipresencia. Se atribuyó estar presente en todos los lugares (Mateo 18:20; 28:20).

3. Omnisciencia. Demostró conocimiento de cosas que solamente podía saber si fuese omnisciente (Mateo 16:21; Lucas 6:8; 11:17; Juan 4:29).

4. Omnipotencia. Demostró y se atribuyó el poder de una Persona omnipotente (Mateo 28:20; Marcos 5:11–15; Juan 11:38–44).

Otros atributos de la Deidad le son atribuidos por otros (e.g., la inmutabilidad, Hebreos 13:5), pero estos que se han citados se los confiere El mismo.

B. El hace obras que solamente Dios puede hacer

1. Perdón. El perdona los pecados eternamente. Los hombres pueden hacerlo temporalmente, pero Cristo da perdón eterno (Marcos 2:1–12).

2. Vida. El le da vida espiritual a cualquiera que El desee dársela (Juan 5:21).

3. Resurrección. El levantará los muertos (11:43).

4. Juicio. El juzgará a toda persona (5:22, 27).

Repito, todos estos ejemplos son de cosas que El hizo o dijo haber hecho, no que otros se las atribuyeron.

C. A El le dieron los nombres y títulos de la Deidad

1. Hijo de Dios. Nuestro Señor aplicó esta designación a Sí mismo (aunque raras veces, Juan 10:36), y reconoció su veracidad cuando otros se la confirieron a El (Mateo 26:63, 64). ¿Qué significa? Aunque la frase “hijo de” puede indicar “la prole de” también lleva en sí el significado de “de la orden de”. Así que en el Antiguo Testamento “hijos de los profetas” quería decir de la orden de los profetas (1 Reyes 20:35), igualmente, “hijos de los cantores” tenía el sentido de perteneciente a la orden de los cantores (Nehemías 12:28). La designación “Hijo de Dios” cuando se le aplica a nuestro Señor significa de la orden de Dios, y es una referencia fuerte y clara a su Deidad total. “En el uso judío del término “Hijo de…” generalmente no implicaba alguna subordinación, sino más bien igualdad e identidad de naturaleza. Así que Barcoquebas, quien dirigió la rebelión judía 135–132 A.D. en el reinado de Adriano, fue llamado con un nombre que significa “Hijo de la Estrella”. Se suponía que él tomó este nombre para identificarse con la misma Estrella predicha en Números 24:17. El nombre ‘Hijo de Consolación’ (Hechos 4:36) indudablemente significa, ‘El Animador’, ‘Hijos del Trueno’ (Marcos 3:17) probablemente significa ‘hombres con la naturaleza del trueno’. ‘Hijo del Hombre’,  especialmente como se aplica a Cristo en Daniel 7:13 y constantemente en el Nuevo Testamento, esencialmente significa ‘El Hombre Representativo’. Así que al Cristo decir: ‘Hijo de Dios soy’ (Juan 10:36), sus contemporáneos entendieron que se identificaba a Sí mismo con Dios, igual con El Padre, en un sentido ilimitado” (J. Oliver Buswell, A Systematic Theology of the Christian Religion [Grand Rapids: Zondervan, 1962], 1:105).

2. Señor y Dios. Jesús es llamado “Yahveh” en el Nuevo Testamento, una clara indicación de Su completa deidad (cf. Lucas 1:76 con Malaquías 3:1 y Romanos 10:13 con Joel 2:32). A El también se le llama Dios (Juan 1:1; 20:28; Hebreos 1:8), Señor (Mateo 22:43–45), y Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16).

D. El alegó ser Dios

Posiblemente la ocasión más fuerte y clara de semejante atribución fue en la fiesta de Dedicación cuando El dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). La forma neutra de (uno) excluye el significado de que El y el Padre fueran una Persona. Significa que Ellos están en perfecta unidad en naturaleza y acciones, un hecho que solamente pudiera ser cierto si El fuese Dios tanto como el Padre. Los que oyeron esta atribución lo entendieron de esa manera, porque inmediatamente trataron de apedrearlo por blasfemia, porque se hizo igual a Dios (v. 33). ¿Cómo pudiera alguien decir que el mismo Jesús de Nazaret nunca se declaró Dios sino que fueron sus seguidores quienes lo hicieron por El? La mayoría de los pasajes citados son de las propias palabras de Cristo. Por lo tanto, uno tiene que enfrentar las únicas opciones: o sus atribuciones eran ciertas o El era un mentiroso. Y lo que El se atribuyó fue la Deidad plena y completa, sin que le faltara ni se le quitara nada, durante Su vida terrenal.

E. Afirmaciones Bíblicas Directas

1-) Se usa la palabra Dios (Teos) para referirse a Cristo:

Aunque la palabra «Dios» está generalmente reservada en el Nuevo Testamento para Dios el Padre, encontramos varios pasajes donde se usa para referirse a Cristo Jesús. En todos estos pasajes se emplea la palabra «Dios» en el sentido fuerte para referirse al que es el Creador del cielo y de la tierra, el que reina sobre todas las cosas. Estos pasajes incluyen a Juan 1:1; 1:18 (en los manuscritos mejores y más antiguos); 20:28; Romanos 9:5; Tito 2:13; Hebreos 1:8 (citando Sal 45:6); y 2 Pedro 1:1.’8 Como estos pasajes los hemos estudiado en algún detalle en el capítulo sobre la Trinidad,’9 aquí no repetiremos ese estudio. Es suficiente notar que hayal menos siete de estos pasajes claros en el Nuevo Testamento que se refieren explícitamente a Jesús como Dios.

Un ejemplo del Antiguo Testamento del nombre Dios aplicado a Cristo 10 vemos en el conocido pasaje mesiánico de Isaías 9:6: «Nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte .. .».

2-) Se usa la palabra Señor (Kyrios) para referirse a Cristo:

En ocasiones la palabra Señor (gr. kyrios) se empleaba simplemente como una forma cortés de tratar a un superior, parecido a nuestra palabra señor (vea Mt 13:27; 21:30; 27:63; Jn 4:11).

Otras veces puede solo significar «amo» de un siervo o esclavo (Mt 6:24; 21:40). No obstante, se usa esa misma palabra en la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento que era de uso común en el tiempo de Cristo) como traducción del hebreo yhwh, «Yahweh», o (como ha sido frecuentemente traducido) «el Señor » o «Jehová». La palabra kyrios se usa 6.814 veces para traducir el nombre del Señor en el griego del Antiguo Testamento. Por tanto, cualquier lector de habla griega del tiempo del Nuevo Testamento que tuviera algún conocimiento del Antiguo Testamento en griego hubiera reconocido que, en contextos donde era apropiado, la palabra «Señor» era el nombre de aquel ser reconocido como el Creador y Sustentador del cielo y de la tierra, el Dios omnipotente.

Hay muchos casos en el Nuevo Testamento donde se usa «Señor» para referirse a Cristo en los que solo se puede entender con su fuerte sentido del Antiguo Testamento, «el Señor» que es Jehová o Dios mismo. Este uso de la palabra «Señor» es bastante sorprendente en las palabras del ángel a los pastores en Belén: «Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lc 2:11). Aunque estas palabras nos suenan familiares por nuestra lectura frecuente de la historia de la Navidad, debiéramos damos cuenta de cuán sorprendentes les sonaría a los judíos del primer siglo escuchar que alguien nacido como un bebé fuera el «Cristo» (o «Mesías»),20 y, además, que aquel que era el Mesías era también «el Señor», es decir, el mismísimo Señor Dios. La fuerza asombrosa de la declaración del ángel, que los pastores apenas podían creer, fue que dijera, esencialmente: «Hoy en Belén ha nacido un niño que es vuestro Salvador y vuestro Mesías, y que es Dios mismo». No en balde «cuantos lo oyeron se asombraron de lo que los pastores decían» (Lc 2:18). Cuando María fue a visitar a Elisabet varios meses antes de que Jesús naciera, Elisabet dijo: «Pero, ¿cómo es esto, que la madre de mi Señor venga a verme» (Lc 1:43). Debido a que Jesús todavía ni siquiera había nacido, Elisabet no podía usaría palabra «Señor» para querer decir algo semejante a un «amo». Más bien lo estaba usando en el sentido fuerte del Antiguo Testamento, dando un sentido asombroso a la expresión: «Pero, ¿cómo es esto, que la madre del Señor Dios mismo venga a verme». Aunque esta es una declaración muy fuerte, resulta difícil entender la palabra «Señor» en este contexto en un sentido más débil. Vemos otro ejemplo cuando Mateo dice que Juan el Bautista es uno que clama en el desierto diciendo: «Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas » (Mt 3:3). Al decir esto Juan está citando Isaías 40:3, que nos habla de Dios mismo que viene a estar entre su pueblo. Pero el contexto aplica este pasaje al papel de Juan de preparar el camino para el Jesús que llegaba. La implicación es que cuando Jesús llega, el Señor mismo llega.

Jesús también se identifica a sí mismo como el Señor soberano del Antiguo Testamento cuando les pregunta a los fariseos acerca del Salmo 110: 1: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de mis pies» (Mt 22:44). La fuerza de esta declaración está en «Dios el Padre le dice a Dios el Hijo [El Señor de David]: Siéntate a mi mano derecha… ». Los fariseos saben que él está hablando acerca de sí mismo e identificándose como alguien digno de llevar el título de kyrios, «Señor», del Antiguo Testamento. Ese uso aparece con frecuencia en las epístolas, donde “El Señor” es un nombre común para referirse a Cristo. Pablo dice: «No hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos (1 Co 8:6; cf. 12:3, y muchos otros pasajes en esta epístola paulina). Un pasaje especialmente claro lo encontramos en Hebreos 1, donde el autor cita el Salmo 102, el cual habla de la obra del Señor en la creación y lo aplica a Cristo:

Tú, oh Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y el cielo es obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces para siempre. Se desgastarán como un vestido, los doblarás como un manto, y cambiarán como ropa que se muda; pero tú eres siempre el mismo, y tus años nunca se acabarán (He 1:10-12).

Aquí se habla explícitamente de Cristo como el eterno Señor del cielo y de la tierra que creó todas las cosas y permanecerá siempre el mismo. Un uso tan fuerte del término «Señor» para referirse a Cristo culmina en Apocalipsis 19: 16, donde vemos a Cristo que regresa como un rey conquistador, y «en su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores».

Referencias de esta sección:

20 La palabra Cristo es la traducción griega de la palabra hebrea Mesias.

3-)  Otras declaraciones fuertes de deidad:

Además de los usos de la palabra Dios y Señor para referirse a Cristo, contamos con otros pasajes que afirman firmemente la deidad de Cristo. Cuando Jesús dijo a sus oponentes judíos que Abraham había visto su día (el de Cristo), ellos se le enfrentaron: «Ni a los cincuenta años llegas, ¿y has visto a Abraham?» Jn 8:57). Aquí una respuesta suficiente para probar la eternidad de Jesús hubiera sido: «Antes que Abraham fuera, yo era». En vez de eso, él hace una afirmación mucho más asombrosa: «Ciertamente les aseguro que, antes que Abraham  naciera, ¡yo soy!» Jn 8:58). Jesús combina dos afirmaciones cuya secuencia no parece tener sentido: «Antes de que sucediera algo en el pasado [Abraham naciera], algo en el presente sucedió [yo soy]». Los líderes judíos reconocieron de inmediato que él no estaba hablando en acertijos o cosas sin sentido. Cuando él dijo «Yo soy» estaba repitiendo las mismas palabras que Dios usó para identificarse a sí mismo ante Moisés como «Yo soy el que soy» (Éx 3:14).Jesús estaba tomando para sí el título de «Yo soy», mediante el cual Dios declaró que era un Ser de existencia eterna, el Dios que es la fuente de su propia existencia y que siempre ha sido y siempre será. Cuando los judíos oyeron esta declaración solemne y enfática, supieron que él estaba afirmando ser Dios. «Entonces los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió inadvertido del templo» Jn 8:59).21

– Otra afirmación fuerte sobre la deidad es la declaración de Jesús al final del Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin» (Ap 22: 13). Cuando eso se combina con la declaración de Dios el Padre en Apocalipsis 1:8, «Yo soy el Alfa y la Omega», constituye también una declaración fuerte que iguala su deidad con la de Dios el Padre. Jesús es soberano sobre toda la historia y toda la creación, él es el principio y el fin.

– En Juan 1:1, Juan no solo llama a Jesús «Dios», sino que también se refiere a él como «el Verbo» (gr. logos, la Palabra). Los lectores de Juan reconocerían en este término lagos una referencia doble a la poderosa y creativa Palabra de Dios en el Antiguo Testamento mediante la cual los cielos y la tierra fueron creados (Sal 33:6) y al principio organizador y unificador del universo, aquello que, en el pensamiento griego, lo mantiene todo unido y le permite tener sentido.22 Juan está identificando a Jesús con ambas ideas y está diciendo que él no solo es la poderosa palabra creadora de Dios y la fuerza organizadora y unificadora en el universo, sino que también se hizo hombre: «y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad» Jn 1: 14). Aquí encontramos otra declaración fuerte de deidad conectada con una declaración explícita de que Jesús también se hizo hombre y habitó entre nosotros como hombre.

– Otras evidencias de las afirmaciones de la deidad las podemos encontrar en el hecho de que Jesús se llamó a sí mismo «el Hijo del Hombre». Este título aparece ochenta y cuatro veces en los cuatro evangelios, pero solo lo usa Jesús y solo para hablar de sí mismo (note, p. ej. Mt 16:13 con Lc 9:18). En el resto del Nuevo Testamento la frase «el Hijo del Hombre» (con el artículo definido «el») se usa solo una vez, en Hechos 7:56, donde Esteban se refiere a Cristo como el Hijo del Hombre. Este término único tiene su trasfondo en la visión de Daniel 7 donde Daniel vio a uno semejante a un «Hijo de Hombre» que se «acercó al venerable Anciano» y le fue dado «autoridad, poder y majestad. ¡Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron! ¡SU dominio es un dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido! (Dn 7:13-14). Es asombroso que este «hijo de hombre» vino con «las nubes del cielo» (Dn 7:13). Este pasaje habla claramente de alguien de origen celestial y que se le dio autoridad eterna sobre todo el mundo. A los sumos sacerdotes no les pasó desapercibido este pasaje cuando Jesús dijo: «De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y bajando en las nubes del cielo» (Mt 26:64). La referencia a Daniel 7: 13-14 era inequívoca, y el sumo sacerdote y los miembros del concilio sabían que Jesús estaba afirmando ser el soberano eterno del mundo de origen celestial de la visión de Daniel. Inmediatamente dijeron: «¡Ha blasfemado… Merece la muerte» (Mt 26:65-66). Aquí Jesús por fin hace explícito que las fuertes afirmaciones de ser el soberano eterno del mundo que antes insinuaba en su uso frecuente del título «el Hijo del Hombre» se aplican a él. Aunque el título «Hijo de Dios» puede ser usado a veces para referirse a Israel (Mt 2:15), o al hombre como creado por Dios (Lc 2:38), o generalmente al hombre redimido (Ro 8:14,19,23), hay, sin embargo, casos en los que la expresión «Hijo de Dios» se refiere a Jesús como el Hijo eterno y celestial que es igual a Dios mismo (vea Mt 11:25-30; 17:5; 1Ca 15:28; He 1: 1-3,5,8). Esto es especialmente cierto en el Evangelio de Juan donde vemos a Jesús como el Hijo único del Padre Jn 1:14,18, 34,49) que revela por completo al Padre Jn 8:19; 14:9). Como Hijo es tan grande que podemos confiar en él para vida eterna (algo que no se podía decir de los seres creados: Jn 3:16,36; 20:31). Él es también el que tiene toda autoridad de parte del Padre para dar vida, determinar juicio eterno y reinar sobre todo Jn 3:36; 5:20, 25; 10:17; 16:15). Como Hijo fue enviado por el Padre y, por tanto, existía desde antes de la creación del mundo Jn 3:17; 5:23; 10:36).

Los primeros tres versículos de Hebreos hacen hincapié en decir que el Hijo es a quien Dios «designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo» (He 1:2). Este Hijo, dice el escritor, «es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen [lit. es el “duplicado exacto” , gr. carakter] de 10 que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa» (He 1:3).Jesús es la duplicación exacta de la «naturaleza » (o ser, gr. hypostasis) de Dios, haciendo que sea exactamente igual a Dios en cada atributo. Además, él sostiene continuamente el universo mediante «su palabra poderosa», algo que solo Dios podía hacer. Estos pasajes se combinan para indicar que el título «Hijo de Dios», cuando se aplica a Cristo, afirma fuertemente su deidad como el Hijo eterno en la Trinidad, alguien que es igual a Dios en todos sus atributos.

Referencias de esta sección:

21 Los otros «Yo soy» del Evangelio de Juan donde Jesús afirma ser el pan de vida (6:35), la luz del mundo (8:12), la puerta de las ovejas (10:7), el buen pastor (10:11),la resurrección y la vida (11:25), el camino, la verdad y la vida (14:6), y la vida verdadera (15:1), contribuyen también al cuadro general que pinta Juan de la deidad de Cristo. Vea Dona1d Guthrie, New Testament Theology, pp. 330-32.

22 Vea Dona1d Guthrie, New Testament Theology, esp. p. 326

Fuentes:

– Systematic Theology by Inter-Varsity Press, Gran Bretaña, y The Zondervan Corporation, USA © 1994 Wayne Grudem

– Basic Theology,  Charles C. Ryrie, Copyright, Editorial Unilit, Miami, Fl. U.S.A. © 1993 All right reserved.