29 diciembre , 2010

El Hisopo

Por Geycer Paredes

“Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.” Salmo 51:7

El hisopo, es un arbusto de hojas pequeñas y tupidas, la más humilde de las hierbas, según se deduce de 1 Reyes 4:33, es una planta que crece entre las piedras de los muros, se usaba en rociamientos ceremoniales (Levíticos 14:4; Números 19:18, etc.). En Egipto, los israelitas usaron manojos de hisopo para untar la sangre del cordero en los dinteles de las puertas de sus casas. Esto los mantendría a salvo del ángel de la muerte (Éxodo 12:22). A través de este acto los israelitas mostraron su fe y aseguraron su liberación de la esclavitud en Egipto, de ese concepto algunos hermanos hacen un misticismos de la sangre de Cristo y dicen: “me cubro con la sangre de Cristo” , “la sangre de Cristo te quema diablo…”, cuando hay un ambiente raro dicen: “hay poder en la sangre de Cristo”, de echo que la sangre de Cristo tiene poder, poder para liberar al esclavo del pecado, poder para salvar, pero nunca debe ser usado como fetichismo.

Sigamos con el tema del salmo 51. Este versículo, por lo tanto, hace un llamado a la purificación por el pecado y a la disposición para servir a Dios. La palabra hebrea para lavar es “kabas y no evoca el simple enjuague en agua, sino el exprimir y golpear la ropa para sacarle la suciedad. David aspiraba a una limpieza total de sus pecados. Pero no es que el Hisopo purificaba a la persona, esto es  una “metonimia” puesto que no se refiere a la planta sino al acto de rociamiento con la sangre, al acto de purificación que se hacía con la sangre del animal sacrificado.