Leído 52 Veces 10 febrero , 2022

Nuestra justicia como trapo de inmundicia

Por Geycer Paredes

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…” Isaías 64:6

El contexto

Las profecías de los capítulos Isaías 40:1-31 a Isaías 66:1-24 van dirigidas a Judá como si el cautiverio en Babilonia (Isaías 39:5-7) ya estaba siendo una realidad presente, aunque dicho cautiverio no sucedió hasta 605-586 a.C. Todo ello se da durante el ministerio de Isaías (739 a.C. hasta ca. 686 a.C.).

Las afirmaciones del versículo de nuestro encabezado ofrecen una humilde confesión del pecado de Judá como motivo del veredicto del exilio. Como uno de los atalayas de Israel, Isaías hace esta oración de confesión y penitencia en representación del remanente fiel y pide a Dios por la restauración de Israel. Cada línea del versículo describe el pecado en términos devastadoramente gráficos.

  • Todos nosotros somos como suciedad

Como en Isaías 53:6, el profeta se incluyó entre aquellos que confiesan su indignidad absoluta para estar en la presencia de Dios. Esto alude a la categoría mosaica de impureza ritual que descalificaba a los israelitas del lugar de culto.

  • Y todas nuestras justicias…

Al igual que la primera línea, esta afirmación apunta a la impureza ritual, pero en los términos más repugnantes (Ezequiel 36:17). Todos, no algunos, todos nuestros supuestos actos justos o todas nuestras buenas obras…

  • Trapos de Inmundicia

En cuanto al trapo de inmundicia, antiguamente no existían las toallas higiénicas en vez de ello la mujer utilizaba ciertos trapos durante su periodo, Isaías empleó la imagen de esos trapos menstruales para ilustrar la suciedad espiritual y la naturaleza contaminante y despreciable del pecado.

Aplicación

El teólogo Edward Joseph Young, sostiene que podemos aplicar legítimamente la declaración de Isaías a todos los esfuerzos de justicia de los no salvos (The Book of Isaiah, 3:496-97). Esto me parece correcto, especialmente a la luz de otros datos bíblicos (cf, Génesis 6:5; Proverbios 15:8; 21:27; 28:9; Romanos 8:8; Efesios 4:17-19).

Al comparar el verso de Isaías con Romanos 3:10-12 el apóstol Pablo dice lo mismo que Isaías, que no hay nadie bueno y que nuestras buenas obras (justicias) son como suciedad y trapos sucios ante Dios. Por eso cualquiera que quiera presentar sus buenas obras ante Dios para salvación, se equivoca.

Dios no acepta las buenas obras de los inconversos porque están sucios, están llenos de pecados y necesitan nacer de nuevo.

Algunos cuestionan que, si “trapos de inmundicia” se aplica también a los actos de justicia realizados por los regenerados, ante ello debo decir que las demandas de Dios y sus normas de perfección más elevadas ya han sido satisfechas para nosotros por Cristo (Romanos 5:17-19; Gálatas 4:4-5; Filipenses 3:8-9). Jesús cambió nuestros trapos de inmundicia por su justicia, y estamos cubiertos con las vestiduras de su justicia por toda la eternidad.