La Vid Verdadera

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto….”  Juan 15:1-17

La alegoría de Cristo como la vid Verdadera se analiza aquí para mostrar la relación de los diversos puntos de comparación con el sentido del pasaje. Hay tres enfoques en esta alegoría. El primero es la vid como un símbolo de Cristo. Todo el pasaje pone de relieve la importancia de la vid: los pronombres “yo”, “mí”, ocurren cerca de treinta y ocho veces en los diecisiete versículos, la palabra vid tres veces, señalando la centralidad de Cristo en la vida fructífera espiritual de un creyente. Este enfoque se resume en el versículo 4: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, sino permanecéis en  mí.” El segundo enfoque de la alegoría es el Padre, simbolizado como el agricultor. En esta ilustración el Padre está activamente interesado con la producción de fruto. Él poda algunas ramas que pueden ser más fructíferas, y elimina las que no producen fruto. El tercer enfoque de la alegoría se halla en las ramas, los discípulos mismos. “Permanecer” habla metafóricamente de relación, y el tiempo presente habla de una relación continua como una necesidad para llevar fruto. El obedecer los mandamientos de Dios es una parte necesaria de la relación, y el amar a nuestros compañeros creyentes es parte integral de esa obediencia. La alegoría describe la necesidad de una relación viva y continua con el Señor Jesús, acompañada de obediencia a su Palabra, como la esencia del discipulado y del llevar fruto.

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