17 septiembre , 2010

La Resurrección

Por Luis Claros

A. La importancia de la resurrección de Cristo

1. Para Su persona.

Si Cristo no resucitó de los muertos, entonces fue un mentiroso; porque El predijo que lo haría (Mateo 20:19). El ángel les dijo a las mujeres que llegaron a Su tumba y querían saber dónde El estaba: “No está aquí, porque ha resucitado como El dijo” (28:6). La resurrección autentica a nuestro Señor como un verdadero Profeta. Sin eso, todo lo que El dijo estaría sujeto a la duda.

2. Para Su obra.

Si Cristo no resucitó de entre los muertos entonces, por supuesto, El no estaría vivo para realizar todos Sus ministerios pos-resurreccionales. Su ministerio hubiera terminado con Su muerte. Por lo tanto, no tuviéramos ahora un Sumo Sacerdote, un Intercesor, un Abogado, o una Cabeza de la Iglesia. Además, no hubiera alguna persona viviente que residiera en nosotros y nos diera su poder (Romanos 6:1–10; Gálatas 2:20).

3. Para el Evangelio.

En el pasaje clásico, 1 Corintios 15:3–8, la muerte y la resurrección de Cristo se declaran “de primera importancia”. El Evangelio se basa en dos hechos esenciales: un Salvador murió y vive. La sepultura comprueba la realidad de Su muerte.

El no se desmayó meramente sólo para ser revivido después. El murió. La lista de testigos prueba la realidad de su resurrección. El murió y fue sepultado; resucitó y fue visto. Pablo escribió tocante a ese mismo doble énfasis en Romanos 4:25; El fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. Sin la resurrección no hay Evangelio.

4. Para nosotros.

Si Cristo no resucitó, nuestro testimonio es falso, a nuestra fe le falta contenido significativo, y nuestra expectativa del futuro carece de esperanza (1 Corintios 15:13–19). Si Cristo no ha resucitado, entonces los creyentes que han muerto estarían muertos en el sentido absoluto, sin esperanza alguna de resurrección. Y nosotros que vivimos somos dignos de lástima por haber sido engañados respecto a que hay una resurrección futura para ellos.

B. Las evidencias de la resurrección de Cristo

1. Sus apariciones después de la resurrección.

La cantidad y variedad de personas en diversas circunstancias que vieron al Señor después de Su resurrección prestan evidencia abrumadora del hecho de que El sí resucitó de entre los muertos. Por ejemplo, cuando en el día de Pentecostés, Pedro presentó como prueba de su mensaje el hecho de que ellos fueron testigos del Cristo resucitado, lo hizo en la ciudad donde la resurrección había ocurrido menos que dos meses antes y a un público que podía preguntar en los alrededores para comprobar la afirmación de Pedro (Hechos 2:42).

El orden de las apariciones entre la resurrección y la ascensión de Cristo parece ser la siguiente: (a) a María Magdalena y a las otras mujeres (Mateo 28:8–10; Marcos 16:9–10; Juan 20:11–18); (b) a Pedro, probablemente por la tarde (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5); (c) a los discípulos en el camino a Emaús, al anochecer (Marcos 16:12; Lucas 24:13–32); (d) a los discípulos, excepto Tomás, en el aposento alto (Lucas 24:36–43; Juan 19:19–35); (e) a los discípulos incluso Tomás, el próximo domingo por la noche (Marcos 16:14; Juan 20:26–29); (f) a siete discípulos junto al mar de Galilea (Juan 21:1– 24); (g) a los apóstoles y a más de 500 hermanos y a Jacobo el medio hermano del Señor (1 Corintios 15:6–7); (h) a los que presenciaron la ascensión (Mateo 28:18–20; Marcos 16:19; Lucas 24:44–53; Hechos 1:3–12).

2. Efectos que demandan una causa (la resurrección)

Algunos hechos asombrosos tienen que ser explicados. Es inconcebible pensar que pudieran tener una explicación satisfactoria aparte de ser causados por la resurrección de Cristo. ¿Qué causó que la tumba estuviera vacía? Los discípulos vieron que estaba vacía. Los guardias le reportaron a los principales sacerdotes que estaba vacía y fueron sobornados para que mantuviesen silencio (Mateo 28:11–15). Si fuese verdad la historia que se les ordenó contar (que los discípulos vinieron y se robaron el cuerpo), entonces, por supuesto, debieran de haber sido castigados o ejecutados por permitir que eso ocurriera mientras ellos estaban de guardia. Algunos han sugerido que los discípulos se equivocaron de tumba, pero, de nuevo, la presencia de la guardia hace esto inconcebible. La tumba estaba vacía (el efecto) porque Cristo había resucitado (la causa).

¿Qué originó los eventos del día de Pentecostés? El Pentecostés llegaba y se iba cada año, pero el año en que resucitó Cristo vio el descenso del Espíritu Santo como El había prometido (Hechos 1:5). En su sermón, Pedro atribuyó la venida del Espíritu al hecho de que el Cristo resucitado había enviado el Espíritu (2:33). La venida del Espíritu (el efecto) necesitaba causa suficiente (el Cristo resucitado).

¿Qué causó que cambiara el día de adoración? Todos los primeros cristianos eran judíos, acostumbrados a adorar en sábado. Pero repentina y uniformemente comenzaron a adorar en domingo, aunque era un día regular de trabajo (Hechos 20:7). ¿Por qué? Porque querían conmemorar la resurrección de su Señor, la cual ocurrió un domingo, ellos cambiaron el día de adoración. La adoración en domingo, el efecto; la resurrección de Cristo, la causa.

C. Los resultados de la resurrección de Cristo

1. Un nuevo cuerpo prototipo.

Con la resurrección de Cristo apareció por primera vez en la historia una clase nueva de cuerpo de resurrección, porque El resucitó con un cuerpo eterno, para nunca más morir. Antes de ese evento, todas las resurrecciones eran restauraciones a los cuerpos terrenales anteriores.

El cuerpo de resurrección de Cristo tiene conexiones con Su cuerpo terrenal no resurrecto. Las personas lo reconocieron (Juan 20:20), retuvo las heridas infligidas por la crucifixión (20:25–29; Apocalipsis 5:6), tenía la capacidad aunque no la necesidad de comer (Lucas 24:30–33, 41–43), El sopló sobre los discípulos (Juan 20:22), y el cuerpo tenía carne y huesos para comprobar que El no era meramente un espíritu que se manifestaba en forma visible (Lucas 24:39–40).

Pero Su cuerpo de resurrección era diferente. El podía entrar en cuartos cerrados sin abrir puertas (Lucas 24:36; Juan 20:19), podía aparecer y desaparecer a voluntad (Lucas 24:15; Juan 20:19), y aparentemente nunca fue limitado por necesidades físicas como el sueño o la comida.

La descripción más detallada del Cristo resucitado y ascendido se encuentra en Apocalipsis 1:12–16. Aquí Juan relata su visión del Cristo glorificado. El era como un Hijo del hombre, lo cual lo relaciona con Su apariencia terrenal anterior, pero también irradiaba gloria de Sus ojos, Sus pies, Su voz, y Su rostro. Esta es la manera en la cual algún día le veremos. Su resurrección también sirve como prototipo de la resurrección de los creyentes. Dos veces a Cristo se le refiere como

el primogénito de los muertos (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). Esto significa que El fue el primero en tener un cuerpo resucitado eterno. Nuestros cuerpos resurrectos, como el Suyo, serán diferentes de nuestros cuerpos terrenales. Al contestar la pregunta de cómo serán los cuerpos resucitados de los creyentes, Pablo afirma que no serán los mismos que fueron puestos en la tumba simplemente reconstituidos; sino que serán nuevos pero aún relacionados con los anteriores (1 Corintios 15:35–41).

Totalmente, los creyentes en el estado eterno serán “semejantes a él” (1 Juan 3:2). ¿Qué significa esto? Juan lo explica en los siguientes versículos. El ser como El significa ser puro (v. 3), estar sin pecado (v. 5), y ser justo (v.7). Nuestros seres íntegros, lo que incluye nuestros cuerpos, tendrán estas características.

2. Una prueba de Sus afirmaciones.

Ya hemos mencionado que Su resurrección prueba Su veracidad como Profeta (Mateo 28:6). También validó Su declaración de ser Señor y Mesías, un punto que Pedro enfatizó en su sermón del día de Pentecostés (Hechos 2:36). Pablo afirma que la resurrección demostró que El era el Hijo de Dios (Romanos 1:4).

3. Una condición esencial para Sus ministerios subsecuentes.

Si Cristo no resucitó, entonces Su vida y ministerio terminaron en la cruz, y El no hace nada de allí en adelante. Por medio de la resurrección y la ascensión nuestro Señor entró en Sus ministerios presentes y futuros.

La resurrección de Cristo siempre ha sido una verdad gozosa, fascinante, y motivadora para la Iglesia. Una de las oraciones más simples y credos más primitivos era “Maranata”: “Ven, Señor”, o: “El Señor viene” (1 Corintios 16:22). Nadie que negara la resurrección del su Señor podría decir eso. Esta expresión afirmaba en la forma más clara que Jesús es el Señor viviente y que viene. ¡Maranata!

Fuente:

– Basic Theology,  Charles C. Ryrie, Copyright, Editorial Unilit, Miami, Fl. U.S.A. © 1993 All right reserved.