Leído 36 Veces 19 mayo , 2021

Cayendo de la Gracia

Por Geycer Paredes

“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”.  Gálatas 5:4

La interpretación de este verso tiene importantes implicaciones para el cristiano por lo que es necesario interpretarlo correctamente a la luz del contexto del libro de Gálatas.

Desafortunadamente, este versículo ha sido interpretada equivocadamente para respaldar ciertas doctrinas incorrectas, a continuación, desarrollaré algunas de estas ideas:

  1. IDEAS INCORRECTAS
  • Se refiere a la acción de un incrédulo que rechaza al evangelio.

Una primera interpretación equivocada es cuando dicen que este versículo se refiere a la acción que realiza un incrédulo cuando rechaza el evangelio.

Pero claramente el Apóstol Pablo en está epístola admite que sus lectores son salvos desde el principio de la epístola (1:2-4). En el contexto inmediato, él declara que ellos han sido liberados por Cristo (5:1) y en el verso 11 del mismo capítulo les llama “hermanos”, por lo que la frase “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis”, no aplica a incrédulos.

  • Se refiere a los cristianos que perdieron su salvación.

Según esta interpretación Arminiana, Pablo está hablando de creyentes que perdieron su salvación eterna.

Es lamentable ver como para algunos la expresión “caer de la gracia” es igual a “perder la salvación”.  Esta interpretación no sólo está en contra de todo el contexto de la enseñanza de las Escrituras en cuanto a la seguridad de la salvación del creyente, ésta malentiende el concepto de la gracia con relación a la salvación.

  1. EL CONTEXTO

Para entender mejor el versículo citado vamos a ver el contexto del libro. Cito la introducción al libro de gálatas de la Biblia comentada “Diario Vivir”:

“Pablo y Bernabé concluían su primer viaje misionero (Hechos 13.2-14.28) durante el cual visitaron Iconio, Listra y Derbe, ciudades en la provincia romana de Galacia (actualmente Turquía). Al poco tiempo de su retorno a Antioquía, Pablo fue acusado por algunos cristianos judíos (los judaizantes) de diluir el cristianismo y que Pablo predicaba un evangelio desviado, haciéndolo más favorable para los gentiles. Estos cristianos judíos no estaban de acuerdo con las declaraciones de Pablo de que los gentiles no tenían que cumplir con muchas de las leyes religiosas, que los judíos habían obedecido por siglos. Algunos de los acusadores de Pablo inclusive lo habían seguido a algunas de las ciudades de Galacia y dijeron a los gentiles convertidos que debían circuncidarse y cumplir con las leyes judías y sus costumbres para ser salvos. De acuerdo a estos hombres, los gentiles debían ser judíos a fin de llegar a ser cristianos.

En respuesta a este ataque, Pablo escribió esta carta a las iglesias en Galacia; en ella, él explica que al cumplir con las leyes del Antiguo Testamento o las leyes judías no obtendrían salvación. Una persona es salva por gracia mediante la fe. Pablo escribió esta carta en 49 d.C., poco tiempo antes del concilio de Jerusalén, el que también trató sobre la ley versus la gracia (Hechos 15)”.

  1. EL DESARROLLO

Pasemos ahora al capítulo 5 de Gálatas, donde se encuentra el versículo que nos ocupa. Leemos allí la siguiente amonestación: Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres…” (Gálatas 5:1). Obvio que esto no se trata de una libertad que nos permite hacer lo que que­ramos (Romanos 6:15). Tampoco se refiere a la posición que tenemos ni a la salvación, sino al deleite diario de la libertad de la gracia que Dios nos ha dado como Sus hijos, Cristo nos ha librado de toda ley que nos ataba a un yugo de servidumbre, como, por ejemplo, la que querían imponer a los creyentes gentiles, aquellos judaizantes procedentes de Jerusalén (Hechos 15: 1, 5). Cristo no les va a aprovechar en su santificación (5:2), porque mantener las obligaciones externas de la ley por esfuerzos carnales no acerca a nadie a Dios.

En la esencia del argumento de Pablo se encuentra el contraste entre gracia y ley. Estos son opuestos y no se pueden mezclar; son recíprocamente excluyentes. Para ser justificado con Dios o confiamos en la gracia que Cristo nos ofrece, o confiamos en la ley. Es sólo a través de la fe en la provisión de Dios que se obtienen ambos, la justificación posicional (3:24) y práctica (5:5), no a través de las obras de la ley. Guardar la ley como medio para alcanzar salvación es inaceptable, porque la raíz de la pecaminosidad está en la condición caída del corazón humano, no en sus acciones. La ley sirvió como un espejo para revelar el pecado (Romanos 7:7), más nunca como su cura definitiva. Cada persona salva obtiene una nueva posición y la libertad de un hijo de Dios, en el momento que es salva. Esta libertad consiste en tener un espíritu libre ante Dios. No se nos exige esforzarnos por guardar los días que se observan en la ley, ni mucho menos que seamos circuncidados y mucho menos aun el esforzarnos en nuestras propias fuerzas para agradar a Dios.

  1. EXÉGESIS DEL VERSO

Analicemos ahora el verso 4 exegéticamente:

“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis;”

En primer lugar, la expresión desligasteis” se traduce del griego “katargeo” (kata, abajo, y argos, inactivo, ocioso), que al lado de la preposición “de” con el sujeto implícito “Cristo”, significa ser separado o soltado o que algo se vuelva ineficaz, inoperante, o impotente (cp. Ro. 7:2, 6)

“…de la gracia habéis caído”. 

La traducción de caído es “ekpipto” (ek, afuera; leipo, dejar) significa literalmente dejar fuera, perder el asimiento firme de algo; es decir, una persona no puede vivir tanto por la gracia como por la ley. Tratar de justificarse por la ley equivale a rechazar el camino de la gracia.

Aparentemente los gálatas se habían extraviado en su comprensión de la gracia, no de Cristo, ni de la salvación, o la justificación, ellos no entendían todos los alcances de su salvación por gracia y fueron fácilmente confundidos por los falsos maestros, los judaizantes (1:6-9; 3:1; 4:17; 5:7,12). Pablo ahora está buscando disuadir a los gálatas creyentes de confiar en la ley del Antiguo Testamento como un medio para la santificación porque esto sería contrario a la salvación por gracia. Un creyente no puede ser des-justificado (cf. Ro 8:30), pero un creyente puede verdaderamente vivir en contradicción a los principios de Dios de salvación y santificación por gracia.

Por lo tanto, con la frase “de la gracia habéis caído” Pablo no está hablando de la posición de los gálatas en Cristo; él está hablando de su práctica, o de su caminar cristiano. La posición del cristiano está segura: Cada creyente está firme en la gracia (cf. Ro 5:2) como hijo de Dios (3:26) liberado de la esclavitud de la ley (5:1). Pero los cristianos pueden comprometer su posición con prácticas inconsistentes al tratar de mantener los requerimientos de la ley o de algún otro sistema externo con sus propios esfuerzos.

  1. CONCLUSIÓN

Si nosotros como cristianos vivimos exteriormente una obediencia y sumisión a lo externo de cualquier ley o sistema religioso, no vamos a elevar nuestra espiritualidad, sino a disminuirla. Semejante legalismo no puede acercarnos a Dios, sino que crea un abismo en nuestro compañerismo con Él. Caemos de la gracia. Tal vez podemos decir que tenemos un “desencuentro” con Dios, porque rechazamos Su regalo de gracia – la misma gracia que nos salvó – para preferir nuestros propios logros.

En palabras de Watchman Nee en su libro: “Preguntas sobre el evangelio”

“Cuando un creyente libre viene a la presencia de Dios, sólo recuerda que Dios le aceptó por medio de Jesucristo; se olvida de sí mismo, y no se examina a sí mismo. Simplemente tiene presente que se puede acercar a Dios por la sangre del Señor Jesús. Por esto, tiene confianza para entrar al Lugar Santísimo. Sin embargo, un cristiano que no es libre, piensa que debe ser muy cuidadoso desde la mañana hasta la noche. Si trata bien a los demás, lee su Biblia con gozo y hace largas oraciones durante el día, sentirá confianza al ir a las reuniones, y eleva su “amén” con voz fuerte. Pero el día que no se porte tan bien, piensa que Dios está disgustado con él. Esta clase de creyente siempre está centrado en sí mismo y se olvida de mirar a Cristo y lo que El realizó; piensa que Dios está contento cuando él obra bien y que se enoja cuando no se comporta bien. Por consiguiente, desde la mañana hasta la noche, lleva sobre sí un yugo de hierro, el cual se compone de las leyes más estrictas que debe cumplir”.