La Paz como fruto del Espíritu Santo

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,…….” Gálatas 5:22 

Un escritor español llamado Antonio Mingote dijo lo siguiente:

“Todos quieren la paz, y para asegurarla, fabrican más armas que nunca.”

Es irónico como el mundo quiere paz pero se prepara para la violencia. La verdadera paz no es la que el mundo ofrece, sino la que el fruto del Espíritu produce en nuestros corazones

El fruto del Espíritu es la expresión del poder de ese mismo Espíritu que está obrando dentro de nosotros, generando amor, gozo, paz…..Estas virtudes son caracterizadas como fruto, en contraste con las “obras”. Sólo el Espíritu Santo puede producirlas, y no los propios esfuerzos. Otro contraste es que, aun cuando las obras de la carne aparecen en plural, el fruto del Espíritu es uno solo e indivisible. Cuando el Espíritu controla completamente la vida del creyente, produce este resultado.

Amor, gozo y paz este primer grupo habla especialmente de nuestra relación con Dios. Si hay paz en el corazón, entonces tenemos gozo, si tenemos gozo entonces hay amor. Esto lo manifiesta claramente el profeta Habacuc cuando dice:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos,   Aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová,   Y me gozaré en el Dios de mi salvación.” Habacuc 3:17-18   

Es interesante notar que en la mayoría de las salutaciones y las bendiciones de Pablo a las iglesias incluya la palabra “paz”. Segu­ramente esto es testimonio de la importancia que los primeros cris­tianos pusieron en la paz.

Hay distintas clases de paz, tales como la paz de los sepulcros o la que brindan los tranquilizantes. Pero para los cristianos la paz no es simplemente la ausencia de conflictos o ciertos estados artificiales que el mundo nos pudiera ofrecer. Todo lo contrario, es la paz profunda y perdurable que solo Cristo trae a nuestros corazones. La misma promesa que fue dada a los primeros discípulos es ahora nuestra promesa:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” Juan 14:27

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”  Juan 14:33

La paz que el cristiano experimenta no es algo artificial, no es ficticio; es la tranquilidad interna que siente el que tiene una relación con Dios y viene como consecuencia de la conver­sión a Cristo.

Un proverbio hindú reza: “El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.”

Esta paz es más que una simple quietud o la ausencia de problemas en la vida, a pesar de los problemas de falta de empleo, de inseguridad física en que viven al­gunos, y de los conflictos locales, nacionales e internacionales que caracterizan nuestra época en la historia. A los corintios, Pablo escribió:

“Porque Dios no es Dios de desorden, sino de paz” 1 Corintios 14:33.

Esta paz ofrece, ciertamente, un ambiente de tranquilidad y sosiego, pero también incluye salud y bienestar espiritual, junto con la certidumbre de que se está en buena relación con Dios, el profeta Isaías dijo:

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Isaías 26:3

No hay desbordes de ansiedad y angustia, porque hemos aprendido a abandonar con confianza nuestra vida y nuestras circunstancias en las manos del Señor. Nos hace confiar decididamente en Dios de tal manera que descansamos en El en medio de las tormentas de la vida. Ud. ahora puede decir como el salmista

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”  Salmos 4:8

Cuando caemos en la debilidad de preocuparnos, le estamos negamos a nuestro Señor el derecho de guiarnos en paz y en confianza. No debemos contristar a nuestro Guía entregándonos a la preocupación o rindiéndole indebida atención al yo.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

Esta paz de Dios nos ayuda a reconocer que El suplirá todo lo que nos falte.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19

Pero no estamos llamados a observar a la paz en sí, sino al dador de la paz, Spurgeon dijo: “Miré a Cristo, y la paloma de la paz voló a mi corazón; mire a la paloma de la paz, y la paloma alzo vuelo y se fue”. De modo que no debemos mirar al fruto, sino a la fuente de toda paz, a Cristo, por medio del Espíritu Santo

La obra salvadora de Cristo tiene dos etapas: En primer lugar pudo poner fin al conflicto planteado entre hombre pecador y el justo Dios. Dios estaba enojado con el hombre debido a su pecado. El profeta Isaías nos muestra nuestra condición:

“Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto [no tienen reposo], y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.”  Isaías 57:20-21

Pero Jesús por medio de su sangre derramada en la cruz, estableció la paz. Puso fin a la ira de Dios; vino la paz Dios, estaba complacido. La deuda fue cancelada y la contabilidad satisfecha.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 5:1

Pero Jesucristo no solamente nos liberó de la esclavitud y de la ira de Dios sino que también posibilitó una nueva etapa: podemos tener la paz de Dios en nuestros corazones aquí y ahora. Jesús dijo:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar [os daré paz].” Mateo 11:28 

¿Está usted afligido por los problemas en tu vida y no sabes cómo solucionarlos?

Ven a Jesús ahora, deposita tu confianza entera en él y experimenta la paz que produce su Espíritu en nuestros corazones.

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