20 diciembre , 2011

El Dios Elohim – (Una respuesta a la Sociedad Misionera Mundial)

Por Geycer Paredes

“Entonces dijo Dios (Elohim): Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; Y creó Dios (Elohim) al hombre a su imagen, a imagen de Dios (Elohim) lo creó; varón y hembra los creó”. Génesis 1:26-27

Para la “Iglesia de Dios” la Biblia testifica que Dios existe tanto en imagen femenina (Dios Madre) como en imagen masculina (Dios Padre), llegan a esta conclusión aduciendo que la palabra “Elohim” se traduce directamente como “Dioses”.

Según ellos el varón fue creado a la imagen del Dios Padre y la hembra fue creado a la imagen de la “diosa madre”, y así, está claro que Dios tiene dos imágenes: masculina y femenina y que ambos trabajaron juntos durante la Creación.

Respuesta:

Cualquier estudiante serio de la Biblia sabe que en Génesis 1:1 la palabra original “Elohim” es plural y es seguida por un verbo singular. Eruditos cristianos conservadores interpretan este verso como el primer indicio en la Biblia de que hay más de una persona en la Deidad, pero éstas actúan como una unidad, pero para la “Iglesia de Dios” la palabra “Elohim” no muestra a un Dios actuando en unidad sino a dos dioses, esta mera forma de pensamiento doctrinal los convierte en politeístas (creencia en más de un Dios).

Juan 4:24 declara, Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Puesto que Dios es un ser espiritual, Él no posee características físicas humanas. Sin embargo, algunas veces el lenguaje figurativo usado en la Escritura, le asigna características humanas a Dios, a fin de hacer posible que sean entendidas por el hombre. Esta asignación de características humanas para describir a Dios es llamada antropomorfismo. El antropomorfismo es simplemente un medio mediante el cual Dios (siendo un ser espiritual), comunica verdades acerca de Su naturaleza al hombre, un ser físico.

Puesto que el hombre es un ser físico, está limitado en su comprensión de aquellas cosas que están más allá de su esfera física, y así el antropomorfismo en las Escrituras, ayuda al hombre a entender quien es Dios.

Sabemos que Dios es un Ser Espiritual, y no posee características físicas. Sin embargo, esto no es una limitación para que Dios pueda elegir revelarse a Sí Mismo a la raza humana. Las Escrituras contienen toda la revelación que Dios dio al hombre acerca de Sí Mismo, y así es la única fuente verdadera y objetiva de información acerca de Dios. Al leer lo que nos dice las Escrituras, encontramos muchas observaciones evidentes acerca de la forma en la cual Dios se revela a Sí Mismo a la raza humana:

Las Escrituras contiene casi 170 referencias de Dios como el Padre. Jesucristo se refirió varias veces a Dios como el Padre, y en otros casos usó el pronombre masculino para referirse a Dios. Solo en los Evangelios, Cristo utiliza el término Padre en relación directa con Dios cerca de 160 veces. Es de particular interés la declaración de Cristo en Juan 10:30. Él dice aquí, Yo y (mi) el Padre uno somos.

Las Epístolas del Nuevo Testamento (de Hechos a Apocalipsis), también contienen cerca de 900 versos donde la palabra “theos” un nombre masculino en griego  es usado en directa referencia a Dios. Casi siempre es traducida como Dios en las versiones en español.

En incontables referencias a Dios dentro de Las Escrituras, existe claramente un patrón consistente de referencia a Él con títulos, nombres y pronombres masculinos. Mientras que Dios no es un hombre, sino un Espíritu, Él eligió la forma masculina a fin de revelarse a Sí Mismo a la humanidad. De la misma manera, Jesucristo, quien constantemente es referido con títulos, nombres y pronombres masculinos, adoptó la forma masculina mientras Él estuvo en la tierra. Los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testamento, se refieren tanto a Dios como a Jesucristo con nombre y títulos masculinos. Dios eligió revelarse en esta forma, para que el hombre comprendiera más fácilmente quien es Dios. El afirmar que existe una deidad femenina, no es consistente con el patrón establecido por la Escritura.

Nuevamente, si hubiera existido una deidad femenina, habría más evidencia de ello en Las Escrituras. Tal evidencia simplemente no existe. Mientras que Dios es condescendiente con el ser humano, para que éste pueda comprenderlo, es importante no tratar de meter a Dios en una caja por así decirlo, al imponerle limitaciones que no son apropiadas a la naturaleza de quien es ÉL.

Ahora, para una mejor comprensión del versículo lo he separado en dos partes:

a)      “Hagamos”, Tenemos aquí una conversación que tiene lugar entre Dios (Elohim) y un ser (como mínimo) no identificado. ¿Quién es esta persona con la que Dios está hablando? Bueno, sabemos algunas cosas. Primero, que puede hablar con Dios en un plano de igual a igual, en la dimensión de la eternidad. Segundo, esta persona tiene aparentemente la misma capacidad creativa de Dios (hagamos) – hay un esfuerzo cooperativo entre Elohim y esta persona.  Mucho se ha debatido a través de la historia de lo que este texto significa, aquellos que se oponen a la doctrina de la Trinidad dicen que Dios está hablando de Sí Mismo en sentido “real”, en un “plural de majestad” (Plural Mayestático) Ellos pueden decir esto, pero bíblicamente no hay ningún registro de un rey o un gobernante hablando de sí mismo en un sentido plural o en la tercera persona. Así, que no existe ningún soporte bíblico de Dios hablando de Sí Mismo de esta forma. Otros dicen: Él está hablando teniendo en Su mente a los ángeles (por ejemplos los Testigos de Jehová). El problema con esto es que los ángeles no crean. No existe ninguna evidencia bíblica de que los ángeles hayan creado algo. Vemos en Isaías 44:24:

Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: ‘Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;

Dios hizo todas las cosas. Por lo tanto, el “nosotros” en “Hagamos al hombre a nuestra imagen” no puede provenir de los ángeles. Aún más, las personas no están creadas a la imagen de los ángeles, sino de Dios. Ahora, nos topamos con lo que cree esta iglesia “una diosa madre”, esto es un completo absurdo, la existencia de una “Madre Celestial” es inexistente. La Biblia no prueba la existencia de esa entidad en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento. ¿Por qué es que cuando Jesús oraba, sólo hablaba con el Padre? ¿Es la madre celestial tan poco importante que su “hijo” que cuando ora la ignora? ¿Si la madre celestial está en pie de igualdad con Dios el Padre, por qué no hay mención explícita de la Madre Celestial?, a través de la Palabra de Dios no encontramos rastros de esta “Madre Celestial” incluso en las analogías de Dios como madre se ve al Padre hablando y nunca se menciona a esta supuesta madre (Isaías 66: 13; 49:15)

El plural “hagamos” fue considerado casi unánimemente por los teólogos de la iglesia primitiva como que indica a las tres personas de la Deidad.

Ireneo Contra las herejías IV, 20, 1

“No tenía Dios necesidad de nadie para ejecutar lo que Él mismo había predeterminado hacer, como si no dispusiera de unas manos propias. Están en efecto, siempre con Él el Verbo y la Sabiduría, el Hijo y el Espíritu, por medio de los cuales y en los cuales, libre y espontáneamente hizo todas las cosas. Es a ellos a quienes se dirige el Padre diciendo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza”

Tertuliano, Contra Práxeas, 12

“Por cierto, la razón es que tenía a su lado a una segunda persona, su Hijo y su Verbo, y a una tercera persona, el Espíritu en el Verbo. Por eso empleó deliberadamente el plural: “Hagamos… nuestra imagen… uno de nosotros.”

Agustín, Ciudad de Dios, XVI,6,1

“Pudiérase también entender de los ángeles aquella expresión, cuando creó Dios al hombre, en que dice: Hagamos al hombre, porque no dijo “haré” más porque añade: a nuestra imagen y semejanza, no es lícito creer que fue creado el hombre a imagen de los ángeles, o que es una misma imagen la de los ángeles y la de Dios, y por eso se entiende bien allí la pluralidad de la Trinidad”

b)      “La Imagen y Semejanza de Dios”, Tener la “imagen” o “semejanza” de Dios significa, en términos simples, que fuimos hechos para parecernos a Dios, esto quiere decir que nosotros somos más grandes que todas las otras cosas creadas; porque somos como Dios, tenemos mente, voluntad, intelecto, emociones y capacidad moral. Los animales no poseen capacidad moral y tampoco poseen un componente inmaterial como lo tiene la raza humana. Adán no se parecía a Dios en el sentido de que Dios tuviera carne y sangre. La Escritura dice que “Dios es espíritu” (Juan 4:24) y por tanto Él existe sin un cuerpo material. Sin embargo, el cuerpo de Adán reflejó la vida de Dios, en cuanto a que fue creado con perfecta salud y no estaba sujeto a morir. La imagen de Dios es el componente espiritual que solo el hombre posee. Dios creó al hombre para tener comunión con Él; el hombre es la única creación designada para este propósito.

Eso dice que, el hombre y la mujer solo son diseños semejantes a la imagen de Dios no son pequeñas copias al carbón de Dios y el hecho de que sean hombres y mujeres no significa que exista un dios masculino y una diosa femenina. Recuerda, el haber sido hecho a la imagen de Dios, no tiene nada que ver con las características físicas.

Mentalmente, el hombre fue creado como un ser racional con voluntad propia – en otras palabras, el hombre puede razonar y elegir. Este es el reflejo de la inteligencia y la libertad de Dios. En cualquier momento, alguien inventa una máquina, escribe un libro, pinta un paisaje, disfruta una sinfonía, calcula una suma, o nombra a una mascota, él o ella están proclamando el hecho de que fueron hechos a la imagen de Dios.

Socialmente, el hombre fue creado para tener compañerismo. Esto refleja la Trinidad de Dios y Su amor. En el Edén, la primera relación que tuvo el hombre fue con Dios (Génesis 3:8 implica esta relación con Dios), y Dios hizo a la mujer, primeramente porque “no es bueno que el hombre esté solo…” (Génesis 2:18) Cada vez que alguien se casa, hace un amigo, abraza a un niño, o asiste a una iglesia, está demostrando el hecho de que fuimos hechos a la semejanza de Dios.

Parte del haber sido hechos a la imagen de Dios, es que Adán tuvo la capacidad de tomar decisiones libremente. Aunque le fue dada una naturaleza justa, Adán hizo una mala decisión al rebelarse en contra de su Creador. Al hacerlo, Adán dañó la imagen de Dios de su interior, y pasó esa semejanza dañada a todos sus descendientes, incluyéndonos (Romanos 5:12). Hoy, todavía llevamos esa semejanza de Dios (Santiago 3:9), pero también llevamos las cicatrices del pecado. Y mostramos los efectos mentalmente, moralmente, social y físicamente.