22 febrero , 2012

Otro Consolador

Por Geycer Paredes

“…yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre….” Juan 14:16

En el contexto del capítulo, Jesús les está diciendo a sus discípulos que pronto volvería a su Padre celestial (vs 2-3), es fácil ahora imaginar las ideas que cruzan por la cabeza de sus seguidores:

¿Y qué sucederá con nosotros?, ¿A quién vamos a acudir si tú ya no estarás?, ¿quién será capaz de socorrernos en nuestras angustias?, etc. Pero Jesús se anticipa a sus dudas y les dice que él rogará al Padre para que os de “otro consolador”

Si analizamos la expresión usada aquí por Jesús, nos ayudará apreciar el profundo significado de la palabra: “otro Consolador”. En primer lugar, el término consolador es la traducción del griego Parakletos. Esta palabra está compuesta del verbo caleo que significa “llamar” y el prefijo para que significa “al lado”, se refiere a uno que está llamado al lado de otro”.

En Grecia el Parakletos  era el amigo del acusado, el mandado llamar para                         defenderlo, el que debía intentar que los jueces fallarán a favor del reo, el                         abogado defensor, el que presenta el caso de una persona para que sea más                         favorable delante de otra persona o de una autoridad.

Parakletos, tiene además un gran trasfondo de confortación y consolación que, a pesar del infortunio que puede estar atravesando una persona, este se mantiene a pie firme, porque, por sí solo, se hubiera derrumbado.  Por lo tanto, es la confortación que habilita a un hombre para pasar el punto de quebrantamiento  sin desplomarse por esto se le llama “Consolador”

El léxico griego amplía su sentido al señalar que su primer significado es “uno que aboga la causa de otro ante un juez”. De allí que en 1 Juan 2:1 usa el término “abogado” (Parakleto) para referirse a uno de los oficios que Jesucristo tiene ahora a favor del cristiano. En el contexto de Juan 14 significa “ayudador, mediador o intercesor; uno que da socorro, consolador”. Cuando la palabra aparece en el Nuevo Testamento como verbo —paracaleo—, se traduce: interceder, rogar, exhortar o consolar.

Los discípulos de Jesús entendían muy bien esta característica en relación con la persona de Jesús. Ellos lo habían experimentado como consolador, abogado y mediador. En muchas instancias los había ayudado a comprender mejor sus circunstancias y sus responsabilidades. Les revelaba al Padre en su compasión, su sabiduría y su gracia. Tenían la conciencia de haber conocido a Dios de veras, precisamente por haber conocido a Jesús. La presencia de Jesús en sus vidas les había traído no solo perdón, sino también lucidez, liberación, felicidad y compañerismo.

Ahora, analicemos la palabra “Otro” (Otro consolador). Esta palabra es interesante, en el griego hay dos palabras que se traducen como “otro” y son: Heteros y Allos.

Heteros significa “otro, pero diferente”; es decir; otro pero de otra clase, por ejemplo:

  • “Pero veo otra (heteros) ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Romanos 7:23). Veo otra ley, una ley distinta de la del espíritu de la vida.

  • “Hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José.” Hechos 7:18. Después de la muerte de José “se levantó otro rey,” heteros, uno de un carácter bastante diferente

  • “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente (heteros).” (Gálatas 1:6). Pablo habla de “un evangelio diferente, que no es otro como el que predicaba.

En cambio, Allos significa “otro, pero igual”, osea, otro de “exactamente la misma clase o la misma naturaleza”.

Esta distinción es significativa teológicamente hablando cuando analizamos Juan 14:16, donde Jesús prometió enviar un ALLON PARAKLETOS (otro Consolador) de la misma clase que él, no otro (heteros) de una clase diferente. Cristo hizo claro que el Consolador, el Espíritu Santo, era otro como yo, otra persona que poseía su misma naturaleza divina: de la misma clase, el mismo consuelo, la misma ayuda, el mismo compañerismo que han conocido en Cristo Jesús.

La experiencia más importante de todo cristiano es esta obra maravillosa del Espíritu Santo. Nos acompaña y nos hace conscientes de la voluntad de Dios y de la gracia de Dios para sostenernos. Nos recuerda que Jesús está con nosotros y que volverá de nuevo.