26 agosto , 2010

Cristo Como Profeta (Los Oficios de Cristo)

Por Luis Claros

Los Oficios De Cristo

EXPLICACIÓN Y BASES BÍBLICAS

Había tres oficios principales en el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: El de profeta (como Natán, 2 S 7:2); el de sacerdote (como Abiatar, 1 S 30:7), y el de rey (como el rey David, 2 S 5:3). Estos tres oficios eran distintos. El profeta comunicaba el mensaje del Dios al pueblo; el sacerdote ofrecía los sacrificios, las oraciones y alabanzas a Dios en nombre del pueblo; el rey gobernaba al pueblo como representante de Dios. Estos tres oficios anticipaban la obra de Cristo en maneras diferentes. Por tanto, ahora podemos examinar de nuevo la obra de Cristo pensando en el significado de estos tres oficios o categorías.’ Cristo cumplió estos tres oficios en las siguientes formas: Como profeta nos revela a Dios y da a conocer las palabras de Dios; como sacerdote ofrece un sacrificio a Dios a nuestro favor y él mismo es el sacrificio; y como rey él gobierna sobre la iglesia y también sobre el universo. Vayamos ahora al estudio de cada uno de ellos en detalle.

CRISTO COMO PROFETA

A. La designación de Cristo como Profeta

Moisés predijo que un profeta como él mismo sería levantado por Dios (Deuteronomio 18:15). Aparte de los otros cumplimientos que esto pudiera haber tenido en la sucesión de los profetas del Antiguo Testamento, su cumplimiento final fue en Jesucristo, a quien se le identifica como ese Profeta (Hechos 3:22–24). Las personas comunes en los días de Cristo lo reconocieron a Él como un Profeta, con tanto entusiasmo que los principales sacerdotes y los fariseos temían represalias si

Tomaban alguna fuerte acción contra el Señor (Mateo 21:11, 46; Juan 7:40–53). Además, le llamaban Rabí (1:38; 3:2), no porque había sido entrenado formalmente, sino porque reconocieron la calidad de Su enseñanza.

Nuestro Señor también declaró ser un Profeta (Mateo 13:57; Marcos 6:4; Lucas 4:24; 13:33; Juan 4:44) que vino a hacer lo que hicieron los profetas, i.e., comunicarle el mensaje de Dios al hombre (8:26; 12:49–50; 15:15; 17:8).

B. El estilo de Cristo como Profeta

Una de las principales actividades de nuestro Señor mientras estuvo en la tierra era proclamar el mensaje de Dios por medio de la predicación (Mateo 4:17) y la enseñanza (7:29).

El estilo de Su predicación y enseñanza incluía estas características interesantes.

1. Era algo ocasional. Esto no significa que enseñaba con poca frecuencia, sino más bien que lo hacía cuando surgía la oportunidad. Siempre estuvo abierto a las oportunidades y a la variedad de situaciones que se presentaban. Usaba los servicios en la sinagoga cuando era posible (Marcos 1:21). Predicaba al aire libre si una situación de puertas adentro no estaba disponible (4:1). El se asía de cada oportunidad.

2. No era sistemático. Esto se debe a que El tomaba las oportunidades a medida que surgían, en vez de esperar que un currículo planeado se pudiera seguir. Piense, por ejemplo, de dónde usted va encontrar la enseñanza del Señor sobre el pecado; y la respuesta está en varios pasajes de varias clases—algunos didácticos, otros parabólicos—. El intérprete de la Escritura tiene que sistematizar las enseñanzas de Cristo.

3. Era profusamente ilustrado. Y las ilustraciones mismas eran variadas y escogidas apropiadamente para la audiencia (note una ilustración para mujeres y otra para hombres en Mateo 24:40–41 y Lucas 15:4, 8).

4. Empleaba las preguntas. Esto lo hacía especialmente en situaciones de controversia (Mateo 22).

5. Tenia Autoridado. Esta era probablemente la característica sobresaliente del ministerio de Cristo como Profeta. Su autoridad se definía en contraste agudo con la enseñanza de los escribas y fariseos (Marcos 1:22) porque investigaba las profundidades de la realidad de la verdad.

C. El material de Cristo como Profeta

Aunque mucho de Su material profético está esparcido a través de los Evangelios, hay tres pasajes mayores preservados para nosotros: el Sermón del Monte (Mateo 5–7), el mensaje sobre el Monte de los Olivos el martes de la Semana Santa (Mateo 24–25), y el mensaje a los discípulos en el aposento alto el jueves por la noche (Juan 13–16).

Las enseñanzas de Cristo posiblemente sean la parte más difícil de interpretar precisamente en la Biblia entera. ¿Por qué es esto? Porque nuestro Señor vivió bajo la ley mosaica y la cumplió perfectamente; pero El también se presentó a Israel como su Rey; y cuando fue rechazado como Rey, introdujo una parte nueva del programa de Dios, la iglesia, y dio alguna enseñanza tocante a ella. En otras palabras, El vivió y enseñó con relación a tres aspectos diferentes del programa de Dios para este mundo: la ley, la iglesia, y el reino. El mantener esos aspectos de enseñanza distinguibles y sin confusión no es siempre fácil.

1. El Sermón del Monte. Algunos consideran este discurso como una exposición del camino de la salvación. El problema con semejante interpretación es simplemente que las grandes palabras de la salvación como la redención o la justificación nunca ocurren en todos estos capítulos. También, si ésta es la interpretación correcta entonces la salvación es ciertamente por medio de las buenas obras.

Otros consideran el sermón como un bosquejo para la vida cristiana hoy en día. Para usarlo de esta manera habría que desliteralizar mucho de lo que se enseña para poder obedecerlo en este mundo injusto. Además, si esto se aplica a la iglesia, entonces ¿por qué no mencionó nuestro Señor al Espíritu Santo, tan importante para la vida cristiana, o aun a la misma iglesia?

Aun otros entienden que su propósito principal tenía que ver con el mensaje del reino de Cristo. Juan, el precursor, había anunciado el reino (Mateo 3:2); Cristo mismo comenzó a predicar ese mensaje (Mateo 4:17); ahora El explicaba lo que abarcaba el arrepentimiento genuino. El reino que ellos predicaron y el que el pueblo esperaba era ese reino mesiánico, davídico, milenial prometido en el Antiguo Testamento. Cristo en ninguna manera indicó que debieran haber entendido de otra manera por cambiar ellos el significado del reino del cual El estaba hablando. Pero el pueblo había puesto tanto su esperanza en un reino político que se olvidaron de que también había requisitos espirituales aun para ese reino político. Así que el Señor explicó lo que abarcaba la preparación espiritual para el reino davídico. Predicado con relación al reino, este discurso parece enfatizar primordialmente la preparación para el reino. Algunos de los requisitos, para practicarlos íntegramente, necesitarían el establecimiento del reino con su gobierno justo (5:38–42), aunque el principio general se puede seguir en todo tiempo.

Así que el sermón es un llamado al arrepentimiento para aquellos que habían desasociado el cambio interior, de los requisitos para establecer el reino. Por lo tanto, es aplicable a cualquier tiempo en que el reino sea inminente—lo que incluye el tiempo en que Cristo lo predicó, y el de la futura Tribulación. También describe las condiciones que imperarán cuando el reino esté establecido. Pero, como toda la Escritura, es provechoso para los discípulos en cualquier edad, puesto que es uno de los códigos éticos más detallados en la Biblia.

2. El mensaje del monte de los Olivos. Por el tiempo en que este mensaje se dio, al final de la vida terrenal de Cristo, era evidente que los líderes judíos habían rechazado el reino, y Cristo mismo había indicado que la iglesia sería lo próximo en el programa de Dios (Mateo 16:18). ¿Significaba esto que el reino fue quitado para siempre del programa de Dios? En ninguna manera. Y este mensaje detalla algunos eventos futuros conducentes al regreso de Cristo para establecer ese reino mesiánico, davídico, y milenial. Mateo 24:4–14 enumera detalles que ocurrirán durante la primera parte del período de la Tribulación. Los versículos 15–28 hacen lo mismo respecto de la segunda mitad de ese período. Entonces Cristo regresará a la tierra y tomará el trono de Su reino (v. 30; 25:31, 34). El hecho de que esto no ocurrió durante la vida de los discípulos, en ninguna forma abroga la seguridad de que un día Cristo regirá en Su reino (Hechos 1:6).

3. El mensaje en el aposento alto. La noche antes de Su crucifixión el Señor reveló sucintamente varias cosas acerca de la nueva edad de la Iglesia que pronto sería inaugurada. El repitió estas cosas en forma comprimida porque los discípulos todavía no podían entender lo que realmente estaba ocurriendo (Juan 16:12). ¿Cuáles fueron algunas de esas nuevas revelaciones?

(1) Dio un nuevo mandamiento: amarnos el uno al otro de la misma manera que El nos ama (13:34). (2) Abrió una nueva esperanza: un lugar que El iba a preparar para llevar allí a los creyentes (14:1–3). (3) Prometió otro Paracleto, el cual ministraría en varias nuevas maneras: aconsejando, exhortando, consolando, intercediendo, redarguyendo, enseñando, etcétera (v. 16). (4) Puso al descubierto nuevas relaciones: el Espíritu Santo en ellos, no solamente con ellos; los creyentes en Cristo, y Cristo en los creyentes (vv. 17, 20). (5) Estableció una nueva base para la oración: en Su nombre (16:24, 26). Todas éstas revelan diferencias tremendas entre la economía entonces vigente y la nueva dispensación venidera de la iglesia.

D. La autenticación de Cristo como Profeta

La ley ordenaba que los falsos profetas fuesen apedreados (Deuteronomio 13:5, 10). Por supuesto, si un profeta vivía hasta el tiempo en que se veía si su profecía se cumplía o no, entonces uno podía reconocer fácilmente si era un profeta falso o genuino. Si no vivía hasta ese tiempo, entonces era más difícil. El ministerio profético de nuestro Señor fue autenticado en dos maneras: por poderse ver el cumplimiento de algunas de Sus profecías, y por los milagros que le verificaron a las personas en Su tiempo que El era un Profeta.

La prueba conclusiva es Su detallada predicción de Su muerte. El profetizó que alguien cercano a Él le traicionaría (Mateo 26:21), que Su muerte sería instigada por los líderes judíos (16:21), que moriría por crucifixión, y que tres días después resucitaría (20:19). El que pudiera dar estos detalles acerca de Su muerte y que estos detalles se cumplieran lo autentica como un Profeta verdadero. Además, algunos de los milagros de Cristo estaban directamente vinculados al testimonio de que El era un Profeta genuino (Lucas 7:16; Juan 4:19; 9:17). Verdaderamente, en estos postreros días Dios nos ha hablado por el Hijo (Hebreos 1:1–2).

¿Porque  no se menciona Literalmente a Cristo Como profeta en los Evangelios?

Sin embargo, es significativo que en las epístolas nunca se habla de Jesús como profeta ni como el profeta. Esto es especialmente significativo en los primeros capítulos de Hebreos, porque allí había una oportunidad clara de identificar a Jesús como profeta si el autor hubiera querido hacerlo. Empieza diciendo: «Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo.

A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo» (He 1: 1-2).

Entonces después de hablar de la grandeza del Hijo en los capítulos 1-2, el autor no concluye esta sección diciendo: «Por tanto, consideren a Jesús, el más grande de los profetas», o algo parecido a eso, sino que más bien dice: «Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos» (He 3:1). ¿Por qué evitan las epístolas del Nuevo Testamento el llamar a Jesús profeta? Al parecer porque, aunque Jesús es el profeta que Moisés anticipó, es mucho más grande que cualquiera de los otros profetas del Antiguo Testamento, en dos maneras:

1. Él es aquel acerca de quien se hablaba en las profecías del Antiguo Testamento.

Cuando Jesús habló con los dos discípulos en el camino a Emaús, él los llevó por todo el Antiguo Testamento, y les mostró que las profecías apuntaban hacia él: «Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó 10 que se refería a él en todas las Escrituras» (Lc.24:27). Les dijo a estos discípulos: «¡Qué torpes son ustedes, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!, y les señaló: «¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas Cosas antes de entrar en su gloria?» (Lc 24:25-26; cf. 1 P 1:11, donde se dice que los profetas del Antiguo Testamento testificaron «de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos»). Así que los profetas del Antiguo Testamento apuntaban al futuro hacia Cristo en 10 que escribieron, y los apóstoles del Nuevo Testamento miraban hacia atrás a Cristo e interpretaban su vida para beneficio de la iglesia.

2. Jesús no fue simplemente un mensajero de revelación de Dios (como 10 fueron todos los otros profetas), sino que él mismo era la fuente de la revelación de Dios. Más bien que decir como solían hacer todos los profetas del Antiguo Testamento «Así dice el Señor», Jesús podía empezar su enseñanza con autoridad divina con la asombrosa declaración: «Pero yo les digo …» (Mt 5:22; et al.). La palabra del Señor venía a los profetas del Antiguo Testamento, pero Jesús habló en base a su propia autoridad como el Verbo eterno de Dios Gn 1: 1) que nos revelaba perfectamente al Padre Gn 14:9; He 1:1-2). En el sentido más amplio de profeta, refiriéndonos solo a alguien que nos revela a Dios y nos habla las palabras de Dios, Cristo, por supuesto, es verdadera y completamente un profeta. De hecho, él es aquel a quien los profetas del Antiguo Testamento prefiguraban en sus discursos y en sus acciones.

Fuentes:

– Basic Theology,  Charles C. Ryrie, Copyright, Editorial Unilit, Miami, Fl. U.S.A. © 1993 All right reserved.

– Systematic Theology by Inter-Varsity Press, Gran Bretaña, y The Zondervan Corporation, USA © 1994 Wayne Grudem