¿Restauración del Reino o Distorsión del Evangelio?
En los últimos años, el movimiento de los Siete Montes, también conocido como M7 o M-7, ha ganado una gran influencia dentro de ciertos sectores del cristianismo evangélico y carismático. Sus seguidores afirman que la Iglesia debe tomar el control de siete áreas clave de la sociedad para establecer el Reino de Dios en la tierra antes de la segunda venida de Cristo. Estas áreas, denominadas «montes», incluyen el gobierno, la educación, los medios de comunicación, los negocios, la familia, el entretenimiento y la religión.
Esta enseñanza ha sido promovida por líderes como Lance Wallnau, C. Peter Wagner y Guillermo Maldonado, quienes sostienen que la Iglesia debe ocupar posiciones estratégicas en estas esferas para «discipular a las naciones» y preparar el mundo para el regreso de Cristo. Sin embargo, ¿es este un mandato bíblico o una distorsión del mensaje del evangelio?
Fundamentos y enseñanzas
El movimiento se basa en una interpretación de Mateo 28:19, donde Jesús ordena a sus discípulos: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones». Para los defensores de esta doctrina, esto implica no solo la evangelización de las personas, sino también la transformación estructural de las sociedades. Argumentan que la Iglesia ha sido llamada a ejercer dominio en la tierra, apoyándose en pasajes como Génesis 1:28: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla».
Según sus líderes, este mandato no fue revocado con la caída del hombre y debe ser restaurado por la Iglesia a través del liderazgo en las áreas clave de influencia. En este sentido, el Reino de Dios no solo se manifestaría en la conversión de almas, sino también en la transformación política, económica y cultural del mundo.
Críticas y objeciones teológicas
Si bien el movimiento de los Siete Montes ha ganado popularidad, muchos teólogos evangélicos han expresado serias preocupaciones sobre su enfoque. En primer lugar, la idea de que la Iglesia debe establecer el Reino de Dios en la tierra antes del regreso de Cristo no tiene un respaldo claro en las Escrituras. Jesús mismo declaró: «Mi reino no es de este mundo» (Juan 18:36), señalando que su reinado no se manifestaría a través del dominio político o social.
Además, el Nuevo Testamento describe a los creyentes como «peregrinos y extranjeros» en este mundo (1 Pedro 2:11) y enfatiza que la esperanza cristiana no está en el establecimiento de un orden terrenal, sino en la venida gloriosa de Cristo para juzgar y restaurar todas las cosas (Tito 2:13). En ninguna parte de la Biblia se enseña que la Iglesia tendrá el control de las naciones antes de la segunda venida.
Otra preocupación es la tendencia del movimiento a mezclar el evangelio con la ambición de poder. A lo largo de la historia, cada vez que la Iglesia ha intentado ejercer dominio político, el resultado ha sido contrario al evangelio. Un claro ejemplo es la Edad Media, donde el cristianismo institucionalizado se convirtió en un sistema de control más que en un mensaje de salvación.
El llamado verdadero del evangelio
La misión de la Iglesia no es conquistar estructuras de poder, sino predicar el evangelio y hacer discípulos. El apóstol Pablo nunca llamó a los cristianos a tomar control del gobierno o de la cultura, sino a vivir piadosamente en cualquier contexto en el que Dios los colocara. En Filipenses 3:20 declara: «Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo».
En lugar de centrarnos en la toma de poder, el Nuevo Testamento nos llama a ser luz y sal en el mundo (Mateo 5:13-16), a proclamar la verdad del evangelio y a esperar con paciencia la venida de Cristo. Jesús advirtió sobre los falsos maestros que buscarían desviar a la Iglesia de su verdadero propósito (Mateo 24:24), y muchos han visto en el movimiento de los Siete Montes una manifestación de esta desviación.
Conclusión
Si bien es cierto que los cristianos podemos y debemos influir en la sociedad con principios bíblicos, la idea de que la Iglesia está llamada a dominar los sistemas del mundo antes del regreso de Cristo no encuentra un respaldo sólido en las Escrituras. En lugar de buscar la toma de poder, los creyentes debemos enfocarnos en la fidelidad a la Palabra de Dios, el testimonio del evangelio y la esperanza en la segunda venida de Cristo.
El Reino de Dios no se establecerá por esfuerzos humanos ni por la conquista de instituciones terrenales, sino por la soberana intervención de Cristo en su retorno glorioso. Mientras tanto, la Iglesia está llamada a proclamar el evangelio, vivir en santidad y preparar a las personas para la eternidad, en lugar de afanarnos en una misión que Dios nunca ordenó.