19 julio , 2013

El Everest De La Ética

Por Geycer Paredes

 “Por tanto, todo lo que queráis que los demás hagan por vosotros, hacedlo vosotros por ellos; porque esto es la Ley y los Profetas.” Mateo 7:12

Esta es probablemente la cosa más universalmente famosa que dijo Jesús. Con este mandamiento el Sermón del Monte alcanza su cima. Este dicho de Jesús se ha llamado “la piedra clave de todo el discurso.” Es la cima más alta de la ética social, y el Everest de toda la enseñanza de ética.

Se pueden citar paralelos rabínicos para casi todo lo que dijo Jesús en el Sermón del Monte; pero este dicho de Jesús no tiene paralelo. Es algo que no se había dicho nunca antes. Es nueva enseñanza, y una manera nueva de ver la vida, con sus obligaciones.

No es difícil encontrar muchos paralelos de este dicho en su forma negativa. Como ya hemos visto, hubo dos maestros judíos famosísimos. Uno era Shamai, famoso por su austeridad a ultranza; y el otro Hilel, famoso por su dulce comprensión. Los judíos contaban la siguiente anécdota: Un pagano vino a Shamai y le dijo: “Estoy dispuesto a que me aceptéis como prosélito a condición de que me enseñes toda la Ley mientras yo me mantenga sobre una pierna.” Shamai se le quitó de encima con la regla que llevaba en la mano. Luego el pagano fue a Hilel, que le recibió como prosélito. Le dijo: “Lo que no te gustaría que te hicieran, no se lo hagas a nadie; eso es toda la Ley, y 1o, demás es comentario. Ve y aprende.” Aquí tenemos la Regla de Oro en su forma negativa.

En el Libro de Tobías hay un pasaje en el que el anciano Tobías le enseña a su hijo todo lo que le hace falta para la vida. Una de sus máximas es: “Lo que no te gusta, no se lo hagas a nadie” (Tobías 4:16).

Hay una obra judía que se llama “La Carta de Aristeas”, que pretende ser el informe de los eruditos judíos que fueron a Alejandría para traducir las Escrituras hebreas al griego, y produjeron la Septuaginta. El rey de Egipto les hizo un banquete en el que les dirigió algunas preguntas difíciles. “¿Cuál es la enseñanza de la sabiduría?” -preguntó. Un erudito judío le contestó: “Como tú quieres que no te sobrevenga ningún mal, sino participar de todas las cosas buenas, así debes actuar sobre el mismo principio con tus súbditos y ofensores, y amonestar suavemente a los nobles y a los buenos. Porque Dios atrae a todos los seres humanos a Sí mismo con Su benignidad” (La Carta de Aristeas 207).

Rabí Eliezer se acercó más a la formulación de Jesús cuando dijo: “Que la honra de tu marido te sea tan querida como la tuya propia.” El salmista también lo presentó en una forma negativa cuando dijo que sólo el que no hace mal a su prójimo tiene acceso a Dios (Salmo 15:3).

No es difícil encontrar esta regla en la enseñanza judía en su forma negativa; pero no tiene paralelo en la forma positiva que le dio Jesús. Lo mismo pasa en la enseñanza de otras religiones. La forma negativa es uno de los principios básicos de Confucio. Tsze-Kung le preguntó: “¿Hay alguna palabra que pueda servir de regla de conducta para toda la vida?” Confucio dijo: “¿No sería tal palabra reciprocidad? Lo que no quieres que te hagan, no se lo hagas a otros.”

Hay algunas líneas hermosas en los Himnos de la Fe budista que se acercan mucho a la enseñanza cristiana:

“Todos tiemblan a la vara, pues todos temen la muerte; poniéndote en el lugar de otros, ni mates ni hagas matar. Todos tiemblan a la vara, y todos aman la vida; haciendo como quieres que te hagan, ni mates ni hagas matar”.

Lo mismo tenían los griegos y los romanos. Y Sócrates nos relata que el rey Nicocles aconsejaba a sus oficiales: “No hagáis a otros lo que os irrita cuando lo experimentáis a manos de otras personas.” Epicteto condenaba la esclavitud sobre el principio siguiente: “Lo que vosotros evitáis padecer, no tratéis de infligírselo a otros.” Los estoicos tenían como una de sus máximas básicas: “Lo que no quieres que se te haga, no se lo hagas a otro.” Y se dice que el emperador Alejandro Severo tenía esa frase tallada en las paredes de su palacio para no olvidarla nunca como regla de vida.

En su forma negativa, ésta regla es de hecho la base de toda enseñanza ética, pero nadie más que Jesús la puso nunca en su forma positiva. Muchas voces habían dicho: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.” Pero no se había oído decir nunca: “Todo lo que queráis que los demás hagan por vosotros, hacedlo vosotros por ellos”.

Tomado del comentario del Nuevo Testamento por William Barclay