Introducción
Pocas expresiones en las cartas de Pablo han generado tanta discusión como la famosa declaración citada en Romanos 9:13:
“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”.
Muchos lectores modernos entienden inmediatamente esta frase en términos emocionales absolutos, como si Dios estuviera diciendo: “sentí afecto por Jacob y odio personal por Esaú”. Sin embargo, una lectura seria del texto bíblico exige algo más profundo que una interpretación superficial basada únicamente en sensibilidades modernas o en significados contemporáneos de las palabras.
Cuando Pablo escribe Romanos 9, lo hace como un judío del primer siglo profundamente arraigado en el mundo hebreo y en la manera semítica de pensar. Además, la frase no se origina en Romanos, sino en Malaquías 1:2–3, un texto profético escrito dentro de categorías culturales y lingüísticas del Antiguo Cercano Oriente (ANE).
Por ello, si queremos entender correctamente lo que Pablo quiso comunicar, debemos acercarnos al trasfondo hebreo, al uso semítico de los contrastes amor/odio y a la función teológica del argumento de Romanos 9.
Este estudio buscará demostrar que la expresión “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” no describe un odio emocional arbitrario o irracional de Dios hacia Esaú como individuo, sino un lenguaje de elección de pacto, preferencia soberana y función histórica dentro del plan redentor.
I. El contexto de Romanos 9
Romanos 9 no fue escrito como un tratado filosófico abstracto acerca del destino eterno de individuos aislados. El capítulo surge de una preocupación específica: ¿cómo explicar que Israel, el pueblo escogido, haya rechazado al Mesías mientras muchos gentiles están creyendo?
Pablo comienza expresando una profunda tristeza por Israel:
“Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón” (Romanos 9:2).
La pregunta central del capítulo es:
¿Ha fallado la promesa de Dios a Israel?
Pablo responde diciendo:
“No que la palabra de Dios haya fallado” (Romanos 9:6).
A partir de allí, el apóstol desarrolla una serie de ejemplos históricos para demostrar que, desde el principio, Dios ha actuado soberanamente en la línea del pacto.
No todos los descendientes físicos de Abraham fueron la línea escogida.
No Ismael, sino Isaac.
No Esaú, sino Jacob.
El argumento no gira primeramente alrededor de quién será salvo o condenado eternamente, sino alrededor de quién sería el vehículo histórico del propósito mesiánico.
Ese detalle es fundamental.
II. La cita de Pablo proviene de Malaquías
Romanos 9:13 cita directamente:
“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”.
La fuente es Malaquías 1:2–3.
Pero aquí aparece un dato importante.
Cuando Malaquías fue escrito, Jacob y Esaú ya habían muerto hacía siglos.
Por tanto, el texto no está hablando simplemente de dos individuos privados.
Está hablando de dos naciones:
- Jacob = Israel
- Esaú = Edom
Malaquías mismo lo aclara:
“Y convertí sus montes en desolación…” (Mal. 1:3).
Eso demuestra que el lenguaje tiene una dimensión corporativa y nacional.
Dios está contrastando el trato histórico de pacto entre Israel y Edom.
El punto central no es: “odié emocionalmente a un bebé antes de nacer”.
El punto es: “escogí soberanamente una línea de pacto y no la otra”.
III. El lenguaje del Antiguo Cercano Oriente
Aquí el trasfondo del ANE resulta crucial.
En el pensamiento semítico antiguo, especialmente en hebreo, las expresiones amor/odio frecuentemente funcionan como un contraste de preferencia, elección o prioridad, y no necesariamente como emociones psicológicas modernas.
En nuestra cultura occidental moderna, “amar” y “odiar” suelen interpretarse emocionalmente.
Pero en el mundo semítico antiguo, el contraste muchas veces expresaba:
- elección vs. no elección
- preferencia vs. menor prioridad
- aceptación de pacto vs. rechazo funcional
Esto aparece constantemente en la Escritura.
IV. Ejemplos hebreos del uso semítico “amar/aborrecer”
1. Jacob amó a Raquel y “aborreció” a Lea
Génesis 29:30–31 dice:
“Y amó también a Raquel más que a Lea… Y vio Jehová que Lea era menospreciada”.
Al comparar ambos versículos, observamos algo importante.
Un texto dice:
- Jacob amó más a Raquel.
El otro dice:
- Lea era “aborrecida” o “menospreciada”.
El contraste no significa que Jacob sintiera odio emocional violento hacia Lea.
De hecho, tuvo hijos con ella, convivió con ella y la cuidó.
El término expresa una preferencia comparativa.
Raquel era la esposa preferida.
Lea ocupaba un lugar secundario.
Ese es exactamente el tipo de lenguaje semítico que aparece en muchos textos del ANE.
2. “Si alguno viene a mí y no aborrece…”
Jesús utiliza el mismo patrón semítico en Lucas 14:26:
“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre… no puede ser mi discípulo”.
Tomado literalmente en sentido emocional moderno, Jesús estaría ordenando odiar a la familia.
Pero eso contradice:
- “Honra a tu padre y a tu madre”.
- “Amarás a tu prójimo”.
- el mandamiento del amor.
El significado correcto es:
“amar menos en comparación con la prioridad suprema de Cristo”.
Otra vez observamos el contraste semítico:
- amar = elegir/priorizar
- aborrecer = relegar/no preferir
V. La elección en el mundo del ANE
En el Antiguo Cercano Oriente, la idea de “elección” tenía frecuentemente relación con:
- herencia
- linaje
- pacto
- autoridad
- función histórica
- primogenitura
En muchas culturas antiguas, el primogénito normalmente heredaba privilegios especiales.
Sin embargo, en la narrativa bíblica vemos repetidamente que Dios rompe expectativas culturales:
- Abel sobre Caín
- Isaac sobre Ismael
- Jacob sobre Esaú
- José sobre sus hermanos
- Efraín sobre Manasés
- David sobre sus hermanos mayores
El patrón es consistente.
Dios no está obligado a seguir convenciones humanas.
Romanos 9 enfatiza precisamente eso.
La elección divina no depende:
“del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Rom. 9:16).
Pero nuevamente debemos notar algo importante.
La elección aquí está relacionada primeramente con el desarrollo histórico del propósito redentor.
Jacob fue escogido para portar la línea del pacto mesiánico.
Esaú no.
VI. Antes de que hicieran bien o mal
Romanos 9:11 dice:
“pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal…”
Pablo usa esto para demostrar que la elección divina precede al mérito humano.
La elección de Jacob no fue porque Jacob fuera moralmente superior.
De hecho, el propio Génesis muestra múltiples fallas graves en Jacob.
La elección fue soberana.
Pero soberanía no significa arbitrariedad cruel.
En el contexto bíblico, soberanía significa que Dios tiene el derecho de establecer cómo avanzará su plan redentor.
Pablo no está enseñando que Dios miró a dos bebés y decidió amar a uno y odiar emocionalmente al otro para condenarlo eternamente sin relación alguna con la historia del pacto.
El contexto del capítulo no exige esa conclusión.
VII. Jacob y Esaú como representantes corporativos
Otro aspecto fundamental del pensamiento del ANE y del mundo bíblico es la representación corporativa.
En el pensamiento moderno individualista, solemos separar radicalmente al individuo de su comunidad.
Pero en el mundo antiguo, el patriarca representaba una línea entera.
Jacob representa a Israel.
Esaú representa a Edom.
Esto es evidente incluso desde Génesis 25:23:
“Dos naciones hay en tu seno”.
El conflicto entre Jacob y Esaú trasciende a los individuos.
Se convierte en un conflicto entre dos pueblos históricos.
Cuando Pablo cita Malaquías, está tomando precisamente ese lenguaje corporativo.
VIII. El problema de interpretar “aborrecí” como odio absoluto
Interpretar Romanos 9:13 como odio emocional absoluto genera múltiples tensiones bíblicas.
1. Contradiría el carácter revelado de Dios
La Escritura enseña repetidamente:
- Dios es amor.
- Dios es misericordioso.
- Dios no hace acepción injusta.
- Dios es paciente.
Además, el propio texto de Génesis muestra que Dios bendijo materialmente a Esaú.
Esaú llegó a ser una nación fuerte.
Dios incluso prohibió a Israel invadir Edom en ciertos momentos.
Por tanto, no vemos un “odio absoluto” en sentido emocional simplista.
2. Ignoraría el lenguaje idiomático semítico
El ANE utilizaba frecuentemente contrastes extremos para enfatizar diferencias de posición.
Ese tipo de hipérbole comparativa es común en literatura hebrea.
Leerlo con categorías psicológicas modernas distorsiona el texto.
3. Ignoraría el contexto corporativo
Malaquías habla de pueblos.
Romanos 9 habla de líneas de pacto.
Reducir todo a emociones individuales descontextualiza el argumento paulino.
IX. El endurecimiento y la soberanía
Muchos conectan inmediatamente Romanos 9 con el endurecimiento de Faraón.
Sin embargo, aun allí el panorama es más complejo de lo que a veces se presenta.
En Éxodo encontramos:
- textos donde Dios endurece a Faraón
- textos donde Faraón endurece su propio corazón
En el pensamiento bíblico, endurecimiento muchas veces implica entregar a alguien al camino que ya ha escogido.
No necesariamente significa crear maldad desde cero dentro de una persona inocente.
Romanos 1 utiliza un patrón parecido:
“Dios los entregó…”
La soberanía divina opera incluso sobre la rebelión humana, pero eso no convierte a Dios en autor moral del pecado.
X. La meta de Romanos 9–11
Otro error frecuente es leer Romanos 9 aislado de Romanos 10 y 11.
Pablo no termina en el capítulo 9.
La sección completa va de Romanos 9–11.
Y el resultado final es sorprendente:
- Israel tropezó.
- Los gentiles fueron incluidos.
- Dios sigue teniendo propósito para Israel.
- La misericordia divina triunfa sobre todos.
Romanos 11:32 declara:
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos”.
Eso muestra que la intención global del argumento no es presentar un Dios arbitrario y cruel, sino un Dios soberano que desarrolla la historia de la redención según su propósito.
XI. El lenguaje de pacto en el ANE
En tratados y relaciones del Antiguo Cercano Oriente, “amar” frecuentemente significaba:
- lealtad de pacto
- fidelidad
- relación oficial
- elección política
Y “odiar” podía expresar:
- rechazo de alianza
- no elección
- ruptura de relación pactal
Por ello, cuando Dios dice:
“A Jacob amé”.
El sentido puede entenderse como:
“Jacob fue el escogido dentro de la línea del pacto”.
Y cuando dice:
“A Esaú aborrecí”.
El sentido sería: “Esaú fue el no escogido para la línea especial del pacto mesiánico”.
No es un odio emocional o destino eterno absoluto, sino una no-elección para un papel histórico y redentor específico.
XII. Implicaciones teológicas finales
Comprender este trasfondo semítico y del ANE trae varias conclusiones importantes:
- Dios no es caprichoso ni cruel. La elección soberana no es arbitraria en el sentido de “porque sí”; está al servicio de su plan redentor para toda la humanidad.
- El lenguaje amor/odio en hebreo funciona relacional y comparativamente, no como emociones psicológicas modernas. Por eso es posible traducir en algunos contextos como “amar más / amar menos”.
- Romanos 9 no trata primariamente de salvación o condenación individual eterna, sino de los roles históricos y de pacto en el plan de Dios para traer al Mesías.
- Pablo sigue el uso veterotestamentario de Malaquías, donde Jacob/Israel y Esaú/Edom representan naciones y su trato histórico.
- La soberanía divina y la responsabilidad humana se mantienen en tensión bíblica, sin necesidad de concluir que Dios odia emocionalmente a ciertos individuos antes de nacer.
Conclusión
La expresión “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” es, por tanto, una declaración de elección de pacto y preferencia funcional, no una declaración de odio emocional absoluto hacia una persona. Su contexto en Malaquías (naciones), su uso en Romanos 9 (línea del pacto mesiánico) y su trasfondo en el lenguaje semítico del Antiguo Cercano Oriente nos obligan a leerla con cuidado, respetando las categorías culturales y lingüísticas originales.
Leer esta frase con ojos occidentales modernos, proyectando nuestras definiciones emocionales de “amor” y “odio” sobre el texto, conduce a malentendidos graves sobre el carácter de Dios. Cuando se interpreta correctamente dentro de su entorno hebreo y del ANE, la declaración revela no un Dios arbitrario que odia sin razón, sino un Dios soberano que, con perfecta sabiduría, elige una línea de pacto para traer bendición a todas las familias de la tierra (Génesis 12:3).
Así, Pablo no está enseñando condenación arbitraria, sino defendiendo la fidelidad de Dios a sus promesas, mostrando que el plan siempre avanzó por elección soberana —y que esa elección culmina en misericordia para judíos y gentiles por igual (Romanos 11:32).
El que comenzó con dolor por Israel (Romanos 9:2) termina con alabanza por la profundidad de la sabiduría de Dios (Romanos 11:33–36). Y esa es la verdadera intención del apóstol: no explicar un odio divino, sino exaltar la inescrutable pero justa misericordia de Aquel que, en Cristo, ha amado a pecadores de toda nación, incluidos los descendientes de Esaú y los que, como nosotros, merecíamos solo justicia.








