La Metonimia

Metonimia viene de la palabra griega “meta —indicando cambio— y “ónoma de nombre. Consiste en el cambio de un nombre por otro con el que el primero guarda alguna relación. Así que la metonimia no se funda en la semejanza, sino en la relación. Cuando de una persona decimos que escribe con mala mano, no queremos decir que su mano sea mala, sino la letra con que escribe. La metonimia puede ser de cuatro clases: de causa, de efecto, de sujeto y de adjunto.

Ejemplo:

“…Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.” Hechos 7:51

Resistir siempre al Espíritu Santo se refiere a la acción y al testimonio del Espíritu mediante los profetas. Sus padres habían resistido a los profetas y no querían oír en ellos la voz del Espíritu; ahora éstos, como sus padres antaño, estaban resistiendo al mismo testimonio, conforme había sido dado en Pentecostés y ahora proclamado por Esteban. Por aquí se ve que el hombre no convertido está resistiendo al testimonio del Espíritu Santo. Por supuesto, al Espíritu Santo no se le puede resistir en el sentido de repelerle victoriosamente, ya que el verbo griego usado aquí es “antipípto” que significa: caer en contra u oponerse. Es la única vez que este verbo ocurre en todo el N. T., pero el contexto aclara suficientemente la naturaleza y el carácter de la oposición que los oyentes hacían contra el Espíritu, pues la referencia a los “oídos” (vv. 51, 57) nos aclara que el oído natural está siempre cerrado contra el testimonio de Dios, hasta que es “abierto” por Uno que es más fuerte que el fuerte armado que reside en el interior del inconverso.

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